Hay días en que te despiertas y parecen uno más, un día normal y corriente, de ésos en que te levantas de la cama, desayunas y empiezas con tus quehaceres. Hoy tenía un día de ésos, hasta que una conversación con mi madre, de ésas que hay que tener tarde o temprano, me ha dejado algo triste... y es que imagino que no es fácil intentar hacer entender a una madre por qué se acabó una relación de nueve años y medio, por qué necesito su apoyo y por qué en casa muchas veces me siento como si fuera una extraña.
De cómo una relación que se adivinaba para toda la vida, acabó porque me demostraron que el orgullo era más importante que yo, de cómo mis padres piensan que es sólo una excusa y que el verdadero motivo es la llegada de otra persona a mi vida, una persona que en menos de seis meses me ha demostrado que soy lo primero para ella, de cómo existen asuntos pendientes que resolver con la que fue mi pareja y mis padres se encuentran en medio, de cómo me culpan por haber abandonado la que era mi existencia, y digo mi existencia porque lo que yo tenía entonces no era una vida, de cómo llego a casa cada día, después de salir, con miedo a no saber lo que me encontraré, a no saber dónde está el problema porque ni siquiera me lo explican, de cómo me siento cada vez peor al hablar con mi madre, de cómo acabo llorando y sin recibir el abrazo que necesito, de cómo siento que acabaré volviéndome loca si esto sigue así... Y es que en días así cuesta mucho hacer frente a determinadas conversaciones, a determinadas situaciones, y aunque no pasa un sólo día en que no piense en la que fue mi pareja, en cómo estará, en cómo le irá... hay veces en las que ese recuerdo duele mucho más, por muy feliz que sea mi vida ahora, y es que en realidad, el pasado nunca llega a ser tal cosa...
Lord Byron: "El recuerdo del gozo ya no es gozo; mientras que el recuerdo del dolor es todavía dolor".



