Un lugar para los que tienen ilusiones y sueños, para los que nunca dejarán que crezca su niño interior, para aquellos a los que alguna vez les dijeron que tenían pajaritos en la cabeza, para los que confían en la humanidad, para los que no se rinden, para los que sienten todo, para los que no se conforman con sólo pensar... un lugar para ti.
Como algunos ya sabéis, llevo tiempo pensando en cerrar el blog. Hasta ahora no lo había hecho por los poquitos que me seguís, a los que ni siquiera conozco en persona o ésos que ni siquiera me ponéis cara.
Creo que no puedo decir adiós sin dar una explicación, y es que este blog empezó en una etapa de mi vida en la que todo estaba bocabajo, todo era un completo caos y necesitaba desahogarme de algún modo, por eso, se me ocurrió escribir para contar a la gente cómo me sentía y, si era posible y alguien se encontraba en mi misma situación, hacerle ver que todos nos sentimos así de vez en cuando. Ahora mi vida ya no tiene nada que ver con la de hace un año, y no veo motivos para seguir con esto. Además, últimamente, en lugar de ayudarme, lo único que está consiguiendo es que me dé cuenta de que éste no es mi camino. Hay personas que sirven para esto y personas que no, y yo considero que soy del grupo de las segundas. Dejo muchas cosas en el tintero, pero se merecen ser bien contadas y yo no soy capaz de eso.
A todos los que me habéis hecho especial la estancia en este blog, GRACIAS, MUCHAS GRACIAS. Os digo adiós con lágrimas en los ojos y me llevo una parte de cada uno de vosotros conmigo.
Hasta siempre.
Julia Caracola.
Paulo Coelho: "El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día".
¡Por fin ha llegado el día! (no, el viernes no...bueno, que también): hoy Historias de la Alameda presenta oficialmente su libro, ese libro que muchos de sus seguidores, si no todos, estábamos deseosos de que viera la luz. No puedo imaginar cómo se siente hoy, si está nervioso o acelerado o si lleva la procesión por dentro...
Pero más que eso, quiero pensar en su expresión cuando tenga por primera vez en sus manos el resultado de más de un año de trabajo. Imagino una mirada llena de ilusión y satisfacción por lo que sabes que está bien hecho... y por lo que sabes que está por venir...
Porque sé que no le va a faltar gente en la ExtraVagante, porque sé que todos los que allí se encuentren, estarán rebosando orgullo y presumiendo de amigo, vecino, familiar o pareja, y porque también sé lo importante que va a ser para él ver a toda su gente reunida en su honor, disfrutando de ratos de agustismo botellín en mano, dejando de lado por un rato las obligaciones para dar paso a la vida golosa hasta las tantas, y finalmente, acabar guarníos... Pero lo mejor no serán esas horas, lo mejor serán los recuerdos que le quedarán a todos los presentes, y por supuesto a Quike, que seguro que acabará escribiendo uno de sus maravillosos estados para contarnos a los que no pudimos asistir, cómo se vivió el estreno.
Seguro que todo le va genial, no puede ser de otra forma...
Hay tantas cosas que me gustaría poder explicarte... Recuerdos que remueven mil emociones, conversaciones plagadas de bromas, de sentimientos escondidos que afloraron irremediablemente a pesar de negárnoslos a nosotros mismos dejando a su paso sólo sinceridad, momentos de miradas esquivas que dejaron de serlo para convertirse en unos ojos que estaban hechos para encontrarse y no volver a apartar la vista de los otros, eso que no sabíamos que ocurría, pero en lo que ambos reparábamos cuando estábamos separados, gestos que nos delataban incluso cuando actuábamos como si nada ocurriera entre nosotros...
Y es que tengo momentos grabados a fuego, momentos en los que estamos tú y yo solos, y momentos en los que hay alguien más... Recuerdo los encuentros en el coche, recuerdo tenerte frente a mí, con el cuerpo de lado apoyado en el asiento del piloto, mirándome de una forma que no llegaba a comprender, recuerdo tus manos recorriendo mi mejilla, el tacto de tus dedos y mi reacción al sentirlos sobre mi piel, recuerdo que deseaba que el tiempo se parara y que no dejaras de acariciarme. Recuerdo las veces que callamos, las veces que nos mirábamos a los ojos sabiendo que en los del otro se escondía algo... las mismas veces que fingimos que nada estaba cambiando, que seguíamos besándonos haciendo como que no nos dábamos cuenta de nada, las mismas veces que nos decíamos a nosotros mismos que aquello sólo era un tiramillas. Recuerdo las primeras experiencias diferentes, los primeros días en que no hizo falta echarle un pulso al reloj, el simple hecho de compartir un almuerzo, dar un paseo por el centro, las diez horas que nunca acabarán o simplemente hablar claro, dejar de esconder lo que sentíamos...
No sabes cómo me hacer sentir cada vez que me dices que eres feliz conmigo, cada vez que me dices que soy increíble, no sabes lo que sentí cuando me dijiste que en las pocas fotos que tenemos juntos, sonríes más que en los últimos años, lo que sentí cuando me dijeron que no te veían tan ilusionado desde hacía tiempo, lo que siento al asomarme a tus ojos y ver lo que me dices con sólo una mirada, lo que siento cada vez que me dices "te quiero, bichito"... y es que no puedo escribir una lista con todos los momentos, palabras y sentimientos que tengo grabados en mí, porque entonces nunca acabaría...
Y es que ahora me paro a pensar en cómo ha cambiado el cuento... En cómo antes, una cena juntos era algo impensable, pasear de la mano por la calle era una locura y dormir juntos, un imposible de manual... Y es que lo que me encanta de nosotros es que le damos importancia a las pequeñas cosas: a una cena sencilla preparada en diez minutos, a compartir las caladas de un cigarro, a charlar tranquilamente sin prisas, a pasear sin mirar a los lados, a poder besarnos donde, como y cuando nos apetezca, a tener una vida normal, a fin de cuentas...
Sé que no te digo nada nuevo con esta carta, sé que todo esto ya te lo he dicho antes y que lo sabes porque lo ves en mí, pero también sabes que tengo la necesidad de decírtelo de todas las maneras que se me ocurran, y hoy se me ocurrió ésta. Quizá mañana veas un avión con una pancarta diciendo todo lo que provocas en mí, pero eso ya es otra historia...
De Buenos Días Presiosa: "Porque una vida entera no es suficiente para amarte...".
Anoche le prometí que haré todo lo que esté en mi mano para seguir escuchando sus carcajadas, su risa espontánea, para seguir viendo esa sonrisa en su boca y en sus ojos, para que siga siendo tan feliz como me dice siempre que es, para llenar su día a día de ilusiones, de inquietudes, de miradas para recordar, de momentos únicos, de besos, de caricias, de pequeños detalles, de simples gestos que transmiten un sinfín de emociones...
Su respuesta fue: "En tu mano está que siga soñando".
Y es que pasa que esto no es un sueño, pasa que ninguno de los dos va a despertarse una mañana con la sensación de que todo esto sea un vago recuerdo, ninguno va a abrir los ojos con el presentimiento de que nada de esto es real, ninguno de los dos va a temer pellizcarse por miedo a que la nube desaparezca, esta nube que nos tiene limerénticos, ataráxicos y, simplemente, locos perdidos...
Dicen que cuando sueñas y te despiertas, una forma de recordar lo que has soñado es ponerte a pensar en ello, quizá por eso somos el primer pensamiento del otro al abrir los ojos, para recordarnos que todo esto no es un sueño, para recordarnos que el otro estará junto al uno al despertar, que su carita dormida o su sonrisa de recién despierto será el primer momento del día que se quede grabado, lo que cargará la batería con la que afrontaremos la jornada... Y es que lo bueno de que todo esto no sea un sueño, es que nuestra vida es NUESTRA ahora, que seremos lo que queramos ser, que llegaremos hasta donde nosotros pretendamos llegar y como nosotros decidamos... Y es que él no puede imaginarse lo que siento cada vez que me dice "bicho" o "bichito", aunque me asuste por la ventana e intente tirarme al suelo, porque por esas cosas lo quiero más aún, por ser como es, por ser mi sueño...
Walt Disney: "No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse".
"Cierro los ojos y nos veo a los dos aún en ese sofá, sin más ropa que
una camiseta y acariciándonos mientras hablamos de lo divino y de lo
humano.
Cierro los ojos y aún puedo sentir cómo mis dedos recorren tu piel, cómo se recrean en cada centímetro de tu cuerpo.
Cierro los ojos y aún puedo ver los tuyos clavados en los míos, con ese
brillo que tienen cuando me miran, con esa expresión que tanto me dice y
tanto me deja ver.
Aún te huelo, aún tengo tu tacto en mis
manos y tu esencia en mi paladar, aún puedo verte sentada sobre mí, con
los ojos entornados y mordiéndote el labio inferior… aún puedo sentirte,
puedo escuchar tus gritos ahogados y tus gemidos, aún me llegan tu
calor, tus besos y tus caricias… tus movimientos y mi sensación de estar
flotando, de no saber si reír o llorar, de placer inmenso, de sentirme
unido a ti, de que somos uno y no querer que eso acabe nunca…
Siento tus manos en mi espalda y siento tus uñas clavarse en ella…
siento tus labios en los míos y cómo tus dientes atrapan mi lengua sin
querer dejarla escapar… tus manos frías que poco a poco se van
calentando… esa sonrisa amplia que me regalas mientras me haces volar…
ese volvernos locos y querer comernos el uno al otro… ese no querer que
el día acabara… esa lágrima tuya recorriendo mi mejilla…
Me
gustaría no abrir los ojos en todo el día y seguir disfrutando de tu
presencia, de todo lo que me das en todos los aspectos, de alargar las
diez maravillosas horas de intimidad y normalidad que nos regalamos
ayer… volver a comer medio desnudos y volver a tirarnos en el suelo a
dejarnos llevar… volver a decirte una y mil veces que te quiero y que me
vuelves loco… escucharte decir que nunca has sido tan feliz como hasta
ahora… Y seguir con la sensación de que estamos viviendo un sueño… un
sueño del que por mucho que nos pellizcamos no conseguimos despertar… y
es que quizás no sea un sueño… quizás estemos disfrutando de lo más
bonito que hayamos vivido nunca y nos cueste darnos cuenta… quizás
estemos más que despiertos y nos dé miedo que todo esto se vaya tal como
vino… sin avisar, como llegan las cosas buenas y como terminan los
sueños…
Una vez más, gracias por todo lo que nos estamos
regalando, gracias por darme la oportunidad de tenerte a mi lado y
gracias por dejarme intentar hacerte ver todo lo que siento por ti y lo
inmensamente feliz que me haces…
Eres increíble."
Recibí esta carta hace un par de meses, cuando llevaba una doble vida, cuando tenía que esconder la felicidad que sentía, cuando no podía pasear tranquilamente por la calle porque podría encontrarme con cualquier conocido, cuando nunca imaginamos que acabaríamos teniendo una vida juntos aunque nunca perdimos la esperanza... y esto es sólo el principio...
Federico García Lorca: "El más terrible de todos los sentimientos es el de tener la esperanza muerta".
Es una frase hecha, de las de toda la vida, una expresión de ésas que están guardadas en la recámara y a las que no se les da ninguna importancia, que se decían llegado el momento de los buenos propósitos: dejar de fumar, ponerse a dieta después de las navidades, ir al gimnasio, casarse, cambiar de trabajo... Pero para mí, estas cuatro palabras se han convertido en mi mantra y han dejado de ser sólo eso: palabras. Desde hace ocho días me acompañan y, como no podía ser menos, esta noche tan especial también están presentes...
Una noche que será mágica, no puede ser de otra forma, una noche en la que, por fin, voy a empezar a vivir mi vida junto a la persona de la que estoy enamorada, una noche en la que empezarán a cumplirse nuestras ilusiones comunes, una noche en la que no habrá uvas de la suerte, en la que habrá doce campanadas con doce besos, una noche en la que me sentiré afortunada y dichosa por ver cómo me miran sus ojos, en la que nos perderemos el uno en el otro, una noche en la que no dejaré de sentir el tacto de sus manos, en la que no pienso separarme de su lado ni un sólo segundo, en la que saciaré mi necesidad de él, una noche en la que lo sentiré mío de forma legítima y yo seré suya sin que exista nadie más, una noche a partir de la cual, no volverán a existir las prisas porque tendremos todo el tiempo del mundo por delante... Una noche en la que dará comienzo nuestra historia.
Y ya estoy deseando bajarme del tren para verlo en el andén esperándome y darle un abrazo como nunca se lo he dado...
Te deseo que tu entrada de año sea tan feliz como la mía, que tus ilusiones para este 2013 se cumplan, pero haz lo que sea necesario para ello. Te invito a que crucemos juntos las puertas de esta nueva etapa y ten cuidado con las uvas... si es que las vas a comer. ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!
No sé disimular... gotas que ruedan por mi cara, mi mundo se ha convertido en una noche interminable, llena de nubes, llena de lluvia, llena de oscuridad...me siento muerta, pero es peor, sólo siento dolor, nada más... No sé qué pensar, si ahora mismo eres tú, sólo tú...
Te amo, lo siento mi amor.
Contigo puedo soñar, puedo volar por encima del mundo con tan sólo un beso. Me llevas al infinito cuando me tocas así como sólo tú lo haces, cuando me besas, cuando me miras y te pierdes en mis ojos, cuando te miro y me pierdo en los tuyos, cuando somos uno...
Me has enseñado que la vida es sólo una y hay que vivirla y que con sólo una palabra puedo vivir tranquila y aún sigo imaginando un mundo dónde tú y yo somos felices. Quiero despertar contigo y sentirte a mi lado, quiero ver cómo abres los ojitos y te digo al oído que te amo más que a nadie y que será para siempre. No descansaré hasta verte sonreír todos los días. No quiero que esto sea un sueño. Sin ti mi alma está vacía. ¿No lo notas? Te estoy tocando el corazón. Cierra los ojos, así puedes sentirlo más que nunca. Nota cómo te estoy abrazando en este mismo momento, nota cómo te beso apasionadamente, como si fuera la primera vez.
Atento a mis palabras, mi vida. Mi corazón está hablando por mí en este mismo instante, cierra los ojos y préstale atención. Amor, sólo escucha esto que te voy a decir, que si no estás aquí yo no sé vivir, te amo tanto... y no voy a negar que tú eres quien me ha hecho soñar, y aunque la vida nos quiera separar, vas a estar conmigo para siempre. Me enamoré de ti y no podré olvidarte, no podré olvidar lo que siento por ti, porque no puedo estar sin ti, porque junto a ti encontré la felicidad. Te amo tanto que no puedo vivir si no estás.
Se me hace raro despertar sin ti, no ha pasado mucho tiempo, pero me ha parecido una eternidad, estás presente en todo momento, en el centro de mi pecho, donde te apoyabas, donde sonreías al levantar la vista. No es fácil el día a día si no estás en él, lloro cuando no consigo recordar tu olor, tu rostro, el roce de tu piel, tu mirada... esa en la que he podido verlo todo, tu sonrisa... la que me encantó desde el primer día. No puedo seguir si no estás porque yo no soy tan fuerte, tú eras quien me daba fuerza en mi debilidad.. Escogí el camino fácil, el que ninguno de los dos queríamos. He intentado aprovechar cada segundo, cada beso, cada mirada, cada caricia, cada gesto... no puedo estar bien... no puedo estar bien porque se me va la vida. Lo siento, amor, lo siento mucho, nunca me lo perdonaré.
"El más difícil no es el primer beso, sino el último". Paul Géraldy.
¿Qué sería de nuestra vida sin los amigos? Me refiero a los amigos de verdad, no a esos con los que compartir cervezas y ratos de risas únicamente, esos amigos que están ahí para lo bueno y para lo malo, para abrirte los ojos, para decirte la verdad por muy dolorosa que pueda resultar, esos amigos que se alegran de corazón cuando estás feliz y lloran contigo cuando pasas por un mal momento.
Yo tengo la suerte de contar con una amiga así, una amiga que está para todo, para salir un fin de semana a tomarnos algo o almorzar un miércoles en el "100 montaditos", y para contarle los momentos por los que estoy pasando, que, aunque no son malos en absoluto, son bastante complicados. Una amiga a la que le he contado todo lo que ha pasado en mi vida desde siempre, pero sobre todo, lo que me ha ocurrido desde el día cuatro de mayo. Ella ha estado ahí para todo, me ha escuchado cuando he necesitado contarle que las cosas no iban bien con mi pareja desde hace mucho tiempo, que he conocido a alguien por quien siento algo que no debería por la situación de ambos, que estamos enamorados aunque esté mal, que las cosas se me ponen difíciles porque me veo en la tesitura de elegir si seguir con mi vida antigua o continuar con ésta nueva que se me presenta llena de ilusiones y sueños, que muchas veces me siento egoísta por no tomar las riendas de mi vida y seguir con dos vidas paralelas porque es lo más fácil... Ella es alguien muy especial a quien quiero con toda mi alma, y aunque lleva relativamente poco tiempo conmigo, me basta para darme cuenta de que es una de esas personas a las que quiero y necesito para recorrer mi paso por ésto que llaman vida. Nunca podré agradecerle todo lo que ha hecho por mí, todos los momentos que me ha regalado, todos los almuerzos, todas las risas, todas las conversaciones, todo lo que se ha preocupado... siempre ha estado ahí y sé que siempre lo estará y a veces siento que no soy capaz de hacerle saber lo que significa para mí, sé que no he podido demostrarle que gracias a ella, mi vida es mucho más plena y que sólo sé que no quiero imaginarme mi futuro sin ella, porque es una de esas personas que escasean y con las que sólo te cruzas una o dos veces en la vida. Espero saber cuidarla y que sigamos recorriendo nuestro camino juntas porque con ella, todo es mucho mejor.
Elbert Hubbard dijo: "Un amigo es alguien que lo sabe todo de ti y a pesar de ello, te quiere".
El anuncio que me llevó a hablar contigo ese martes, 6 de agosto a las 20:09.
Las conversaciones por el messenger que te dejaban descolocado.
El encuentro casual en la rotonda, la providencia y mis zapatillas de deporte baratas se pusieron de acuerdo para que nuestras vidas se cruzaran ese jueves, 8 de agosto a las once y pico de la mañana.
Los primeros dos besos en la puerta de la cochera, una hora y poco de charla trivial y mucho calor ese 8 de agosto a las 18:00.
Más conversaciones por messenger, dos encuentros por semana en ese lugar que no tenía nada de especial, pero que para nosotros significaba mucho más.
Los correos que intercambiamos a través de la dirección del blog, jugando a ser otras personas, jugando a ser consejeros de sendas relaciones, de sendos tiramillas que ambos sabíamos que estaban dejando de serlo.
Los momentos vividos a través de webcam, enseñándonos fotos y cachivaches, y poniendo mil y una caras, los primeros momentos de risas sinceras que compartimos.
El bajón que sentí cuando intentamos bajar el ritmo porque tenía que estudiar para mis exámenes.
Los encuentros diarios en la cochera, esperándote inquieta, con la puerta encajada, y te veía llegar muy serio, con tu pose de perito, empujando la puerta para recibirte con un beso y un abrazo.
Los sentimientos que descubrí por curiosear donde no debía y darme de bruces con tu vida.
La madrugada del domingo 9 de septiembre, hablando por whatsApp lo que teníamos pendiente de hablar, porque no podíamos esperar más.
La tarde del lunes 10 de septiembre, cuando me recogiste a las 17:00 y acabamos en la cafetería de Umbrete, hablando de nuestras vidas con total normalidad, compartiendo sentimientos, regalándonos miradas y caricias furtivas.
Las noches del martes 11 de septiembre y del miércoles 12 de septiembre, pretendías cebarme, lo sé, no puedes engañarme, un día medio litro de helado y al siguiente una bolsa llena de chocolatinas. Esas diez horas que nos regalamos, esa complicidad que experimentamos, esas carcajadas que no pudimos reprimir, las confesiones, las batallitas de la infancia.
El viernes 14 de septiembre cuando salí del examen, comimos en la cantina, la sordera intencionada, las caricias furtivas en el Condal, el paseo por el centro, la librería, el teatro, la Giralda...
El miércoles 26 de septiembre, el día de Valencina, esa nota que dejaste en mi coche y que guardo como un tesoro.
El lunes 1 de octubre, las gestiones que tuviste que hacer, ese bocado que me diste en el hombro, más fuerte de lo que querías en la copistería, ese ticket de las aperturas que aún guardo, esos ratos de risas en tu despacho, la virgen del Santo Políngano, los cabezazos, el moratón sobrevenido...
El jueves 4 de octubre por la noche, al salir de clase, te esperé en nuestro sitio, leyendo un libro sobre fibra óptica y escuchando música, me hice la distraída, como si no te hubiera visto llegar, sentí tus manos acariciando mis hombros, me diste una caracola... que más adelante tenías que firmar.
El viernes 5 de octubre, por la mañana, tuvimos una "primera vez" más para la lista.
El miércoles 24 de octubre, me regalaste un viaje a través de la geografía y la historia, un viaje muy especial, cogida de tu mano, una foto juntos,...
El miércoles 31 de octubre, me sorprendiste dándome un plano para jugar a la búsqueda del tesoro, un tesoro que nunca habría podido imaginar, ni en mis mejores sueños, un plano que me llevó a otro mundo, a un mundo de ilusiones, sueños, risas, carcajadas, normalidad, miradas, caricias, besos, pasión ...
Los días que pasamos en el que se convirtió en nuestro refugio particular, en ese agujero negro en el que sabíamos a la hora que entrábamos, pero no a la hora a la que saldríamos.
Y la sonrisa que saca arrugas a cascoporro. Y las miradas. Y las caricias. Y los gestos. Y lo que callas. Y lo que dices. Y no dejar de mirar el móvil para verte ahí, esperándome. Y las caricias furtivas con el meñique, entre la gente. Y el jueves. Y la peluca rubia. Y las golosinas. Y el no beber cuando me quemo por no mezclar la comida con la bebida. Y llegar al aparcamiento y encontrarte de pie, con esa sonrisa tierna. Y salir de clase y que estés ahí una vez más y que cuando me veas, enciendas los intermitentes. Y la música. Y el corte de pelo. Y las zapatillas del chino. Y la azotea. Y los cojinazos. Y el edredón en el suelo. Y las películas malas. Y las películas buenas. Y las pulseras. Y mi móvil roto. Y "sus ovejas". Y la pinza de la ropa. Y los tres "peros". Y el de la sandía. Y los tochitos. Y el paquete en el buzón. Y verte en los descansos de las clases. Y la bicicleta con el sillín bajo. Y el mecánico del amor. Y las fotos. Y Trancas y Barrancas. Y muchas cosas que me dejo en el tintero, pero que no olvidaré, que seguirán en mi cabeza, que son tan bonitas que no sé si realmente existieron o si las soñé. Esta tarde se paró el reloj de pared (ése al que echarás de menos) a las 13:32, es la hora a la que cruzaste por última vez la puerta de mi casa, es la hora a la que te vi por última vez, la hora a la que me dijiste adiós.
Esta es mi lista de cosas vividas en tan sólo tres meses. Existe otra de cosas pendientes, en la que, aunque sé que ya no podrán cumplirse, sigo apuntando cosas. Porque la vida da muchas vueltas y nunca se sabe en cuál de ellas podemos reencontrarnos.
"Llenas los días de rima y verso con tu presencia de manos tiernas".
No quiero imaginarme un día en el que ya no estés, no podría soportarlo...
No puedo despertar una mañana y no recibir un mensaje tuyo dándome los buenos días y que lo primero que haga sea responderte con una sonrisa instantánea en la cara y con los ojos aún pegados. No puedo desayunar sin limpiarme el aceite de las manos cada veinte segundos para contestar a tus mensajes. No puedo estar en clase y no prestarle atención al móvil buscando tu última hora de conexión. No puedo llegar al aparcamiento y no encontrarte de pie, dando paseos de un lado a otro mientras me esperas. No puedo dejar de sonreír al verte darle el tirón a la maneta de la puerta con el seguro echado y pensar que cualquier día te quedarás con ella en la mano. No puedo no sentirme inmensamente feliz al verte subir, sentarte en el asiento del copiloto y apoyar el codo en el reposacabezas mientras me miras fijamente con una sonrisa torcida y tierna. No puedo evitar que se me contagie tu alegría cada vez que te veo reír a carcajadas. No puedo no sentirme dichosa con cada mirada tuya. No puedo evitar estremecerme al sentir el tacto de tus dedos caminando por mi piel, al sentir tus labios sobre los míos, regándome de dulces y húmedos besos, al sentir tus dientes aprisionando el lóbulo de mi oreja, al sentir tu aliento sobre mi cuello, al sentirte en mi interior... No puedo evitar que el corazón me dé un vuelco cada vez que me dices que me quieres como nunca has querido a nadie, que soy increíble, que me necesitas, que me quieres con todo, que estarás ahí. No puedo imaginar mi vida sin la ilusión que me regalas cada día, sin saber si lo que hemos vivido es un sueño o ha sido real...
Quiero que todo mi tiempo sea tuyo, quiero que nos asomemos a la azotea y nos parezca que lo que vivimos en ese momento es nuestra vida, quiero que sigas asustándome dándole a la palanca del banquito, quiero que me hagas rosquitos con el pelo que se me escapa rebelde de la coleta, quiero que te sigas perdiendo en mi mirada, que te alejes un poco para observarme y que vuelvas a acercarte con una sonrisa, quiero que tengamos una película para ver y pasar de ella porque preferimos estar tirados en el suelo, quiero levantarme dolorida cada mañana sabiendo que todo pasó realmente, quiero que esto no tenga fecha de caducidad, quiero no tener prisa contigo, quiero seguir robándole horas al reloj, pero no al reloj de mi vida, sino al reloj de nuestras vidas, de la tuya y la mía. Quiero tener días tontos y pasarlos abrazada a ti, quiero que no callemos ni bajo agua, quiero que mis ojos te digan que no puedo vivir sin ti, que no quiero vivir sin ti, quiero no decirte con la boca que soy feliz gracias a ti, que soy feliz porque tú estás en mi vida, que después de ti no hay nada más, que después de ti no quedará nada. Quiero decirte que no creo en eso de que ninguna persona es imprescindible, porque para mí, tú lo eres. Nunca podré agradecer lo bastante a la vida que te haya puesto en mi camino y que me haya dado la oportunidad de conocer lo que es ser feliz de verdad.
Hoy es viernes. Llevo toda la semana sabiendo que llegaría este día y, como siempre, ha acabado llegando. Hoy es viernes y llevo toda la semana temiendo que llegara este día, hoy me toca hablar claro...
En toda mi vida, sólo he tenido una pareja, llevo nueve años y pico con ella. Al principio, todo era normal, existían las mariposillas en el estómago, las ganas por verle, el echarlo de menos cuando se iba... pero desde hace algún tiempo, las cosas no van bien, la relación se ha enfriado, parecemos más amigos que pareja, no sabemos estar juntos a solas, hablamos poco y lo poco que hablamos, es para discutir, ya no hay sueños, no hay ilusiones, no hay complicidad, no hay momentos de risas... creo que ni siquiera tenemos ganas de vernos, de estar juntos. Hace un tiempo, cuando todo iba bien, me pidió matrimonio, no tuve que pensarme la respuesta, buscamos casa, encontramos la de nuestros sueños y la compramos, aún está en obras y ahora mismo no tengo prisa por terminarla...
Hace unos meses llegó a mi vida de casualidad una persona que ha puesto mi mundo, lo que yo era, lo que sentía, bocabajo. Era y soy consciente de que no era feliz, pero pensaba que era algo normal debido al tiempo que llevamos juntos mi pareja y yo, pensaba que eso de la limerencia ya no era algo que pudiera sentir, que ahora tocaba lo que viene después de pelar la pava: rutina, costumbre, amor, pero no el desenfreno que se siente durante un noviazgo... pero esta nueva persona, me ha enseñado lo que es tener ilusiones, lo que es llevar una sonrisa bobalicona en la cara veinticuatro horas al día, lo especial que puede ser ver una simple película con ella o estar revoloteando en la cocina a su alrededor mientras prepara algo de comer para los dos, lo que es tener una lista imaginaria de cosas por hacer en la que, por muchas veces que tachemos, el número siempre es mayor que al principio, lo que puede despertar una simple caricia, lo que se puede transmitir con sólo una mirada, lo que es no desear otra cosa que estar con ella, lo que significa tener complicidad, lo que es poder y querer hablar de cualquier cosa con ella, lo que es tener la sensación de estar viviendo un sueño de forma permanente, lo que significa ser feliz de verdad.
Y hoy viernes, me toca tomar una decisión, me toca elegir entre intentar recuperar mi antigua vida, intentar que las aguas vuelvan a su cauce, seguir con la reforma de la casa, poner fecha para la boda y renunciar a esta nueva persona que hay en mi día a día... o empezar de nuevo, no dejar pasar la oportunidad que me está regalando la vida, no perder la felicidad y las ganas de vivir que me está brindando esta nueva persona... Espero tomar la decisión adecuada, no tengo miedo de pasarlo mal, tengo miedo de hacer más daño del necesario y de acabar equivocándome... Hoy es un día gris para mí (Sí, he leído el estado de mi amigo Historias).
Paulo Coelho: "Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer".
Cuando digo que como tú no hay otra, lo digo convencido.
Cuando digo que además de especial eres increíble, no lo digo por decir.
Cuando digo que tienes tela de arte es porque me río contigo cuando hablas y cuando callas, porque cualquier gesto tuyo es un discurso... No he visto en mi vida unos ojos y una cara más expresivos, nunca...
Y así es normal enamorarse.
Lo raro sería no hacerlo.
Lo raro sería tener la suerte de compartir contigo el tiempo que me estás regalando y no caer en tu bendita red.
Lo raro sería no intentar por todos los medios retenerte, dejarte pasar, no querer que formaras parte de mi vida.
Y no quiero dejarte escapar.
Me niego.
No estoy dispuesto a renunciar a ti y a todo lo que significas para mí, a todo lo que me estás dando y a todo lo que estoy viendo en ti.
No estoy dispuesto a renunciar al inmenso placer que me produce escucharte decir que eres feliz como nunca, que nunca habías estado así, que me quieres y que te vuelvo loca, que piensas en mí constantemente.
No estoy dispuesto a renunciar a seguir haciéndote feliz mientras me dejes y pueda.
Y me da igual lo que cueste y el tiempo que me lleve.
Nada me importa que no seas tú.
Mi vida gira ahora en torno a ti.
Todo el tiempo contigo es poco y todo el tiempo sin ti es perdido.
Cada noche me acuesto a tu lado y cada día me despierto con tu sonrisa reflejada en la mía.
Y no tengo prisa.
Sé que estás y estarás porque me lo dices y me lo creo.
Sé que los dos sentimos de corazón todo lo que nos decimos.
Sé que puedo confiar en ti a ciegas y lo hago.
Sé que los dos queremos más, aunque sea complicado.
Y sé que todo esto no puede quedar en nada.
Y sé que quiero quererte más de lo que ya lo hago.
Y sé que eres lo más maravilloso que podría haber puesto en mi camino quien quiera que maneje esto.
Y sé que te quiero.
Y sé que me quieres.
Y ya no me importa nada más que seguir viéndote feliz".
Y esto es lo que me he encontrado en mi bandeja de entrada a última hora del día, después de un lunes raro, una tarde larga de clases y un estado de ánimo un poco "plof". A última hora he recibido un rayo de luz inmenso. Me siento afortunada... sé que soy afortunada.
Llevaba tiempo queriendo escribirte de mi puño y letra, y hoy he encontrado el hueco. Llevaba tiempo queriendo hacerlo porque no sé por qué contigo me apetece hacer muchas cosas, las haga normalmente o no. De hecho, fíjate si no estoy acostumbrado a escribir a mano, que ya me está doliendo la muñeca.
Y es que me haces sentir diferente, además de especial, diferente. Me haces sentirme un privilegiado, un afortunado. Alguna vez te he comentado que le estaba agradecido a la vida porque nunca me ha tratado mal, porque no tengo grandes malos momentos, pero empiezo a pensar que la vida está enamorada de mí, porque a estas alturas, presentarse con un regalo como tú no es normal, pegarme este bendito golpe que repetiría una y mil veces es más de lo que nunca hubiera soñado. Y es que eso es lo que me haces... me haces soñar, sentir, flotar. Había oído hablar muchas veces de la famosa nube, pero hasta ahora no he llegado a comprender lo que era realmente, hasta que no has aparecido tú no he sentido lo que es, lo que significa olvidarte de todo lo demás, de dedicarte a flotar, a dejarte llevar, a no quererte bajar nunca de esa sensación única y extraordinaria, esa que por lo visto desconocía...
Te quiero. Te quiero como no he querido nunca a nadie. Lo tengo claro. Y tengo claro que no pienso dejar de hacerlo. Tengo claro que te quiero con todo, te quiero para mí. No quiero compartirte con nadie, no podría. Por lo menos ahora mismo no. No sé si llegado el momento de decidir si dejar de verte o tener que seguir compartiéndote para siempre, no podría vivir sin ti y cambiaría de opinión. El caso es que tampoco quiero pensar en ello, aunque esté a la vuelta de la esquina. No quiero pensar en ello porque no quiero que nada me distraiga y me haga perderme ni un sólo segundo de esto que me vuelve loco, de esto que me hace inmensamente feliz y dichoso, de esto que nunca podré agradecer lo suficiente. Me paso los días con ganas de reír, de gritar, de que todo el mundo sepa de una vez que soy feliz a tu lado, que te quiero sin límites ni condiciones, que eres lo que quiero y necesito en mi vida. Lo eres todo para mí.
Y es que eres un ser maravilloso, una estupenda persona aunque tú no sepas o no quieras verlo en ti misma. Eres generosa, agradecida, fuerte, leal, sincera y clara. Creo que si a eso le sumamos la dulzura que te cuesta sacar pero que destilas a raudales y ese puntito tuyo que sabes darle a las cosas, no puedo más que quererte e intentar por todos los medios no dejarte escapar.
No sé si con estas letras te estaré diciendo algo nuevo o no. El caso es que me apetecía hacerlo así. Me apetecía decirte así una vez más, que eres lo más maravilloso que me ha pasado y que te quiero con cuerpo, alma, corazón y cabeza. Te quiero y te amo.
Te quiero a mi lado por siempre, mi sol.
PD: no fecho este escrito, porque igual que lo he hecho hoy podría haberlo hecho ayer, hace una semana, o no sé cuándo...
Hoy me encontré ésto en el buzón de casa. Me he dado cuenta de que me quedo muy corta al hablar de sonrisas, miradas, sorpresas, detalles e ilusiones... Sólo puedo estar agradecida y creo que la mejor forma de agradecimiento posible es aprovechar la oportunidad que me da la vida para ser feliz...
Ando de un lado a otro, nerviosa, bebo agua, me siento, vuelvo a beber agua, me suelto el pelo, me lo ahueco un poco, vuelvo a recogérmelo, miro en todas direcciones, esperando verlo, me encanta verlo llegar, entre serio y sonriente, como intentando disimular...
Quiero acercarme a él y darle el abrazo más largo y apretado que nunca le haya dado a nadie... pero las circunstancias no me lo permiten, como mucho, sólo dos besos que parecen no significar nada, pero que para mí lo son todo, es lo más cerca que puedo estar de él en esa situación. Empezamos a andar juntos, como lo pueden hacer dos desconocidos cualesquiera o, como mucho, dos amigos, me quedo un poco rezagada para poder observar cómo camina y vuelvo a acelerar el paso para ponerme junto a él. Nos lanzamos miradas, cuando creemos que el otro no se da cuenta y en alguna ocasión, nuestros ojos se ven y agacho la cabeza entre sonriente y ruborizada y mientras tanto, entablamos una conversación sin importancia, algo de lo que ni siquiera estamos pendientes, o al menos yo no lo estoy, escucho su voz que me encanta, sus gestos al hablar, cómo se mueven sus manos con cada paso, me dan ganas de entrelazar la mía con la suya, pero me contengo, no quiero que nadie nos vea, no quiero causarle problemas, me limito a rozarle con el meñique tímidamente y observar su reacción: una sonrisa, una mirada... y me doy cuenta de que él también está entrelazando su mano con la mía, pero sin que nadie más lo pueda saber, sin que nadie más sea consciente de ello, sin que nadie más pueda verlo.
Da igual lo que durara ese paseo y cuál fuera el destino, es uno de los recuerdos más especiales que tengo, algo que me encantaría repetir en cuanto tenga ocasión y, de nuevo, no me importará la duración ni hacia dónde nos dirijamos, sólo me importará estar contigo.
Alejandro Casona dijo: "Si eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos. No se puede pasear una felicidad como la tuya por un mundo de desgraciados".
Lo que mal empieza mal acaba... Anoche me fui a la cama llorando y diciéndome a mí misma "mañana será otro día", pero me he despertado igual, bueno, en realidad no he dormido, y a medida que la mañana se ha ido desarrollando, me siento peor.
Preocupaciones en casa, agobios con las clases, cerebro contra corazón, nostalgia, impotencia, sorpresas agradables que me han puesto bocabajo, llorar, intentar aguantar, no poder más, decidir, ser consecuente con la decisión, no volver atrás, llorar otra vez, anhelar, recorrer los mismos lugares con una visión diferente, con una sensación diferente, volver a estar debajo de ese puente y que las cosas que hay en mi cabeza sean lo único que queda, mirar ese fluorescente fundido y tragar saliva intentando pasar ese nudo en la garganta.
Poco tiempo y demasiados cambios, demasiados acontecimientos, demasiadas conversaciones, demasiados sentimientos, demasiados "adioses" que quedaron en "hasta luegos", demasiado todo que me dejó el alma llena de cicatrices... No sé cómo me irá, no sé cómo te irá a ti, pero sí sé que, aunque te dije "hasta luego", tú me dijiste "adiós" y ni siquiera sé si volverás a leer algo de esto. Sólo espero que me entiendas, que entiendas que no podía seguir, que todo dolía demasiado y que nunca serás para mí sólo alguien a quien conocí un día.
Hay personas que aparecen en tu vida sin que importe mucho cómo. Que aparecen en tu vida y te hacen darte cuenta de que lo que habías tenido siempre tan claro a lo mejor no es tan así. Que hacen que sensaciones olvidadas vuelvan a resurgir, pero de forma diferente, con la diferencia que te da la edad. Son las sensaciones de la adolescencia vistas con otro prisma, aunque no por ello menos intensas ni verdaderas.
Estas personas ponen tu vida patas arriba y eso te encanta. Estas personas te enganchan y no te sueltan, entre otras cosas porque no quieres que lo hagan. Te atrapan, te tienen en exclusiva...y a ti te gusta. Te hacen sentir cosas que crees no haber sentido nunca, o por lo menos no recuerdas que con tanta intensidad. De lo que sí estás segura es de que nunca las has sentido en tan poco tiempo. Y entran sin hacer mucho ruido, pero cuando se produce la explosión te das cuenta enseguida, aunque no lo quieras admitir, y te das cuenta de que esto no es como otras veces... como esas veces en que has estado a gusto con alguien sin llegar más allá de tomar algo en cualquier bar. Intentas engañarte a ti misma, diciendo que es la novedad y que se acabará pasando, aunque no pienses en otra cosa en todo el día, aunque no tengas ganas de otra cosa...más que de estar con esa persona, de ver su mirada cómplice, de que sus manos te digan lo que sus labios no se atreven a decir, de que los dos sepáis lo que hay y sigáis diciendo que no hay nada, cuando lo único que queréis es que se pare todo y poder bajaros del mundo, quedaros solos en vuestro mundo particular, mundo que existe durante unas pocas horas robadas a vuestras vidas... pero que siempre son pocas, y cuantas más son menos parecen y con más ganas os quedáis...
Cuando una persona así aparece en tu vida, te planteas muchas cosas pero todas te dan igual porque te sientes plena cuando estás con ella, cuando te manda un mensaje, cuando te mira sin decir nada pero tú puedes leerlo todo, cuando sientes cómo se derrite con una caricia tuya, cuando te sientes correspondida... Y tienes ganas de hacer cosas con ella, cosas que nunca habéis hecho juntos, cosas que estás harta de hacer pero que sabes que con ella serán diferentes y especiales... ir al sitio de siempre para que se convierta en un sitio nuevo porque está ella...enseñarle lo que hace tiempo que conoces porque sabes que tú también descubrirás algo en lo que no habías reparado nunca... Y es que una persona así te alegra la existencia, te abre los ojos, te llena de vida... Así que en esos momentos lo mejor que puede hacer una es dar las gracias por tan valioso regalo y disfrutarlo al máximo, apurar cada segundo y cada centímetro... teniéndolo todo a flor de piel para que todo explote cuando sientas el roce de la suya.
John Crowne dijo: "Es imposible ocultar el amor en los ojos del que ama".
Es una frase muy temida, nunca suele venir nada bueno después de ella. Una mirada triste, incapaz de mirar a los ojos, un rostro sin sonrisa, una voz apagada: "Tenemos que hablar, no podemos seguir así. Esta situación se nos escapa de las manos...no, espera, déjame acabar. He estado pensando mucho, no hago otra cosa últimamente. Todo ha ido muy rápido, demasiado, mucho más de lo que esperaba. Es algo que te advertí, no podríamos seguir así por mucho tiempo, tarde o temprano tendríamos que tomar esta decisión aunque no nos guste, aunque nos duela tanto como si nos arrancaran el alma...aunque ahora te parezca imposible, no te preocupes, pasarán los meses y el dolor se irá mitigando, incluso llegará un día en el que no me recordarás, sólo seré una leve sombra que una vez se coló en tu vida, sólo alguien a quien conociste un día, estaré bien, siempre lo estoy, no te preocupes por mí. Olvidarás los ratos de risas, olvidarás los encuentros a escondidas, olvidarás las miradas, olvidarás las conversaciones, olvidarás las sonrisas mirando la pantalla del móvil, olvidarás las caricias, olvidarás lo que sentiste, todo será como un sueño, puede que un bonito sueño, y con el tiempo no sabrás si fue real o no. Quiero que sepas, que si te digo adiós no es por mí, es por ti, porque no quiero que sigas sufriendo con esta situación, porque no quiero que pierdas lo que ha sido tu vida durante todos estos años, porque no merece la pena que hubieras podido siquiera plantearte algo conmigo, porque cuanto más prolonguemos esto que estamos viviendo, más doloroso será para ambos. Te deseo lo mejor en la vida, espero que seas muy feliz con ella y que me olvides pronto..."
Te dije que te hablaría claro, que siempre sería sincera contigo, permíteme que no te lo cuente todo, que me guarde algunas cosas para mí, para no hacerte más daño, deja que no te diga que sé que los te quiero que nos dijimos eran sinceros pero que no tenían sitio en nuestras vidas, deja que me calle que te voy a echar de menos, que para mí ésto no será fácil, deja te no te cuente que ahora mismo me estoy arrepintiendo de decirte todo esto, que estoy intentando ser fuerte y que no se me escape una sola lágrima para no ponértelo más difícil. Perdóname por mentirte, por decirte que voy a estar bien cuando ahora mismo estoy sintiendo que se me va la vida, por decirte que con el tiempo todo será menos doloroso porque sé que nada más lejos de la realidad, por decirte adiós cuando lo único que quiero es que esto sea eterno. Perdóname por haberte dicho "tenemos que hablar".
"Antes de empezar a hablar, procura que en tu rostro pueda leerse lo que vas a decir". Marco Aurelio.
Lo siento, por haber respondido a tu anuncio. Lo siento, por esa extraña conexión que surgió. Lo siento, por haberme pasado las horas hablando contigo. Lo siento, por todas las noches en vela. Lo siento, por tantos ratos de risas. Lo siento, por haberte dicho desde un principio que esto acabaría. Lo siento, por los encuentros en público. Lo siento, por los encuentros a escondidas. Lo siento, por no haber sabido disimular lo que te decían mis ojos. Lo siento, por haber visto mi primer amanecer contigo. Lo siento, por las fotos intercambiadas a diario. Lo siento, por hacerte las mañanas de trabajo más cortas. Lo siento, por darte más de lo que debía. Lo siento, por no haber mantenido las distancias. Lo siento, porque me ayudaras cuando todo iba mal. Lo siento, por haberte regalado todas mis sonrisas. Lo siento, porque me hayas visto llorar. Lo siento, por haberte pedido que no se acabara. Lo siento, por escuchar cuando sólo tú lo sabías. Lo siento, por haber estado contigo en demasiados momentos que no me correspondían. Lo siento, por haber mirado por esa ventana que me ayudaba a escapar. Lo siento, por aquella vez que te herí. Lo siento, por las caricias que te di. Lo siento, por las caricias que no pude darte. Lo siento, por haber leído en tus ojos lo que no te atrevías a decirme. Lo siento, por haber vuelto con él. Lo siento, por no ser feliz así. Lo siento, por no saber qué estoy haciendo. Lo siento, por las canciones, por tantas canciones. Lo siento, por no haber querido perderme nada. Lo siento, por haberte echado de menos. Lo siento, porque aún tengo los ojos brillantes cuando pienso en ti. Lo siento, porque se me va. Lo siento, porque no importa, encontraré a alguien como tú. Lo siento, por anhelar esos silencios. Lo siento, por quedarme mirando en la cochera ese tubo apagado. Lo siento, por seguir asomándome a la ventana para verte pasar. Lo siento, por buscarte cuando salgo a la calle. Lo siento, porque aún sigo mirando el móvil continuamente. Lo siento, por haber jugado con mis manos cuando estuve nerviosa. Lo siento, por mirar la puerta trasera de mi coche cada vez que voy a algún lado. Lo siento, por seguir luchando para no ir a verte al trabajo. Lo siento, por tener una película guardada en un cajón. Lo siento, por todo lo que ya sabes. Lo siento, por todo lo que nunca llegarás a saber. Lo siento, por no saber seguir sin ti. Lo siento, porque ya no somos los mismos. Lo siento, por seguir esperando tus buenos días. Lo siento, por haberte dicho "te quiero". Lo siento, por no haberte besado nunca. Lo siento, porque dije que no te dejaría meter la pata. Lo siento, por no haber sabido hacerlo mejor. Lo siento, por las cosas por las que no te digo que lo siento. Lo siento, por no haber sabido parar a tiempo. Lo siento, porque te dije que no te dejaría cruzar tus límites. Lo siento, por no dejarte seguir. Lo siento, por esperar que todo sea como antes. Lo siento, porque no encuentro explicación que valga. Lo siento, porque sé que leerás esto y sabrás que es para ti.
Después de esta carta, no volveré a mencionar aquel 18 de marzo y, como tú dijiste, será como si aquella conversación no la hubiésemos tenido.
Llevo dándole vueltas a la cabeza desde ese día, no porque esté buscando otras opciones, sino intentando asimilar algunas cosas. En estos últimos días, he tenido una sobrecarga de información, y no sólo por lo nuestro. Me he acordado mucho de cómo nos conocimos, en diciembre de 2001 y, unos días después, el día 8, pasó algo que cambió nuestras vidas, al menos un poco. Yo recibí la ilusión de volver a empezar pero no puedo hablar sobre lo que sentiste tú. También se me han venido a la cabeza aquellos días cuando me recogías a la salida del instituto y estábamos juntos unos minutos; recuerdo nuestro primer beso y cuando me dijiste que no tenía que besarte en la forma que lo hice el primer día sólo porque los mayores besaran así. No me he desecho de tus cartas, aún las conservo guardadas en una cajita y las leo de vez en cuando. Tampoco he olvidado aquella película que íbamos a ver y que no veremos nunca.
¿Recuerdas mi libro blanco? Ya no existe, lo hice para ti, pero si no lo escribías tú, no lo quería. Recuerdo que me decías que el animal que me representaba era el delfín: bonita e inteligente. Me hiciste sentir muy especial aquel tiempo, y es algo por lo que siempre te estaré agradecida, sin embargo, pienso que que yo no te hice sentir así, que no conseguí que fueras feliz conmigo.
Recuerdo también que el día en que más tiempo pasamos juntos fue el de las notas, en el parque, sentados en un banco del Valle-Inclán, para mí fue muy especial. Por si se te ha pasado por la cabeza, nunca pensé que fueras un cobarde por tu carta de adiós, quizá fue mejor tener algo palpable para recordar que se acabó.
Esta carta que te escribo está llena de dudas, lo sé, y añadiendo una más: no sé qué quiero hacer, aunque parece que tú ya has escogido y no sé si es lo que realmente quieres, o lo que nos conviene. La próxima vez pensaré mejor las cosas antes de contestar nada, al igual que he pensado mucho lo que te digo en esta carta.
En el tiempo que hace que no hablamos, he aprendido bastantes cosas, como que el tiempo no hace olvidarlo todo, o que las palabras tienen mucho poder, y eso implica la capacidad de hacer daño. Espero no haberte hecho daño con mis palabras, sobre todo con las que dije sin pensar.
Sé que no sirve de nada lamentarse, ahora no, pero me hubiera gustado que las cosas hubiesen sido de otro modo, que yo no hubiera sido tan cría hace cuatro años y tres meses, puede que así hubieras seguido conmigo, o quizá habría conseguido llenarte más, como tú hiciste conmigo. Ahora me pongo a pensar y me doy cuenta de que no aporté nada para intentar hacerte feliz. No sé dónde estuvo el error, no sé si realmente fue la diferencia de edad que nos separaba en aquel momento, o es algo que tenías dentro de ti. Pienso que más bien sentías miedo porque yo era muy "pequeña", quizá demasiado inocente. A veces creo que pensaste que si estaba contigo, me sentiría obligada a hacer determinadas cosas para las que, seguramente, no estaba preparada, solo porque a tu edad eran normales. Puede que por eso se acabara todo tan pronto, antes de que fuera más doloroso.
Sinceramente, opino que ha sido bastante egoísta por tu parte haber decidido lo que pasaría conmigo, no haberme dejado tomar parte en algo que me afectaba directamente, deberías haberme dado un voto de confianza y decirme lo que realmente había, lo que de verdad estaba pasando, imagino que es consecuencia de tu actitud protectora. Siempre cuidaste de mí. Puede que te duela lo que voy a decirte, y es que aún te quiero. No quiero ponerte las cosas difíciles, ni a mí tampoco, pero es lo que siento. Tú has decidido alejarte lo justo para no sufrir, para que nadie lo pase mal, y yo no puedo interferir en tu decisión si es lo que realmente quieres. Sería muy fácil hacer como si nada hubiera pasado, pero las cosas no son así. Por otra parte, me pongo a pensar y sé por qué no me dijiste nada de que te habría gustado volver a intentarlo conmigo, era la única forma de saber si podría haber de nuevo un "nosotros", si no volvía a salir con nadie y te esperaba, pero eso no es justo.
Valoro tu amistad sobre todas las cosas, con esto, quiero decirte que quiero que sigamos siendo amigos pase lo que pase, que puedes contar conmigo para lo que quieras y necesites, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea, que estaré a un toque de móvil para lo que te haga falta, creo que sabes que puedes confiar en mí, que lo que me cuentes sólo será tuyo y mío. Nunca te alejes demasiado de mi vida, por favor, si fuera por mí, te pediría que ni siquiera dieras un paso atrás, que al menos, estés a mi lado, oculto. Siempre que lo precises estaré ahí para escucharte, para hacerte compañía, no sabré aconsejarte, pero podrás desahogarte conmigo. Este párrafo es sólo una excusa para pedirte que, al menos, sigas como hasta ahora, apareciendo de vez en cuando en mi vida y haciéndome sonreír.
No te preocupes por mí, ya sabes que estoy bien. Supongo que ha llegado la hora de despedirme y zanjar el tema. Si se me ha olvidado decirte algo, lo guardaré para siempre dentro de mí. Sólo decirte que me gustaría volver a verte en persona, pero en eso tú tienes la última palabra. En cualquier caso, y pase lo que pase, muchas gracias por todo lo que me has aportado, gracias por haberme dado ilusiones, por haberme hecho reír y sonreír, por haberme dado consejo, por haberme ayudado cuando lo necesité, cuando te lo pedí y cuando no lo hice, gracias porque me hiciste sentir especial y por enseñarme que valgo más de lo que muchas veces pensé, gracias por aparecer en mi vida de improviso, por haber escrito tu dirección de correo electrónico en la mesa de dibujo, gracias por haber permanecido en mi vida después de tantos años.
"Todo en la vida es como el agua. Un flujo incesante de sueños, sentimientos y emociones que vienen y van y, que a su paso, sólo dejan los recuerdos".