sábado, 10 de noviembre de 2012

No sin ti

No quiero imaginarme un día en el que ya no estés, no podría soportarlo... 

No puedo despertar una mañana y no recibir un mensaje tuyo dándome los buenos días y que lo primero que haga sea responderte con una sonrisa instantánea en la cara y con los ojos aún pegados. No puedo desayunar sin limpiarme el aceite de las manos cada veinte segundos para contestar a tus mensajes. No puedo estar en clase y no prestarle atención al móvil buscando tu última hora de conexión. No puedo llegar al aparcamiento y no encontrarte de pie, dando paseos de un lado a otro mientras me esperas. No puedo dejar de sonreír al verte darle el tirón a la maneta de la puerta con el seguro echado y pensar que cualquier día te quedarás con ella en la mano. No puedo no sentirme inmensamente feliz al verte subir, sentarte en el asiento del copiloto y apoyar el codo en el reposacabezas mientras me miras fijamente con una sonrisa torcida y tierna. No puedo evitar que se me contagie tu alegría cada vez que te veo reír a carcajadas. No puedo no sentirme dichosa con cada mirada tuya. No puedo evitar estremecerme al sentir el tacto de tus dedos caminando por mi piel, al sentir tus labios sobre los míos, regándome de dulces y húmedos besos, al sentir tus dientes aprisionando el lóbulo de mi oreja, al sentir tu aliento sobre mi cuello, al sentirte en mi interior... No puedo evitar que el corazón me dé un vuelco cada vez que me dices que me quieres como nunca has querido a nadie, que soy increíble, que me necesitas, que me quieres con todo, que estarás ahí. No puedo imaginar mi vida sin la ilusión que me regalas cada día, sin saber si lo que hemos vivido es un sueño o ha sido real...

Quiero que todo mi tiempo sea tuyo, quiero que nos asomemos a la azotea y nos parezca que lo que vivimos en ese momento es nuestra vida, quiero que sigas asustándome dándole a la palanca del banquito, quiero que me hagas rosquitos con el pelo que se me escapa rebelde de la coleta, quiero que te sigas perdiendo en mi mirada, que te alejes un poco para observarme y que vuelvas a acercarte con una sonrisa, quiero que tengamos una película para ver y pasar de ella porque preferimos estar tirados en el suelo, quiero levantarme dolorida cada mañana sabiendo que todo pasó realmente, quiero que esto no tenga fecha de caducidad, quiero no tener prisa contigo, quiero seguir robándole horas al reloj, pero no al reloj de mi vida, sino al reloj de nuestras vidas, de la tuya y la mía. Quiero tener días tontos y pasarlos abrazada a ti, quiero que no callemos ni bajo agua, quiero que mis ojos te digan que no puedo vivir sin ti, que no quiero vivir sin ti, quiero no decirte con la boca que soy feliz gracias a ti, que soy feliz porque tú estás en mi vida, que después de ti no hay nada más, que después de ti no quedará nada. Quiero decirte que no creo en eso de que ninguna persona es imprescindible, porque para mí, tú lo eres. Nunca podré agradecer lo bastante a la vida que te haya puesto en mi camino y que me haya dado la oportunidad de conocer lo que es ser feliz de verdad. 

Decir que te quiero no es suficiente.


viernes, 9 de noviembre de 2012

De días grises...

Hoy es viernes. Llevo toda la semana sabiendo que llegaría este día y, como siempre, ha acabado llegando. Hoy es viernes y llevo toda la semana temiendo que llegara este día, hoy me toca hablar claro...


En toda mi vida, sólo he tenido una pareja, llevo nueve años y pico con ella. Al principio, todo era normal, existían las mariposillas en el estómago, las ganas por verle, el echarlo de menos cuando se iba... pero desde hace algún tiempo, las cosas no van bien, la relación se ha enfriado, parecemos más amigos que pareja, no sabemos estar juntos a solas, hablamos poco y lo poco que hablamos, es para discutir, ya no hay sueños, no hay ilusiones, no hay complicidad, no hay momentos de risas... creo que ni siquiera tenemos ganas de vernos, de estar juntos. Hace un tiempo, cuando todo iba bien, me pidió matrimonio, no tuve que pensarme la respuesta, buscamos casa, encontramos la de nuestros sueños y la compramos, aún está en obras y ahora mismo no tengo prisa por terminarla... 

Hace unos meses llegó a mi vida de casualidad una persona que ha puesto mi mundo, lo que yo era, lo que sentía, bocabajo. Era y soy consciente de que no era feliz, pero pensaba que era algo normal debido al tiempo que llevamos juntos mi pareja y yo, pensaba que eso de la limerencia ya no era algo que pudiera sentir, que ahora tocaba lo que viene después de pelar la pava: rutina, costumbre, amor, pero no el desenfreno que se siente durante un noviazgo... pero esta nueva persona, me ha enseñado lo que es tener ilusiones, lo que es llevar una sonrisa bobalicona en la cara veinticuatro horas al día, lo especial que puede ser ver una simple película con ella o estar revoloteando en la cocina a su alrededor mientras prepara algo de comer para los dos, lo que es tener una lista imaginaria de cosas por hacer en la que, por muchas veces que tachemos, el número siempre es mayor que al principio, lo que puede despertar una simple caricia, lo que se puede transmitir con sólo una mirada, lo que es no desear otra cosa que estar con ella, lo que significa tener complicidad, lo que es poder y querer hablar de cualquier cosa con ella, lo que es tener la sensación de estar viviendo un sueño de forma permanente,  lo que significa ser feliz de verdad. 

Y hoy viernes, me toca tomar una decisión, me toca elegir entre intentar recuperar mi antigua vida, intentar que las aguas vuelvan a su cauce, seguir con la reforma de la casa, poner fecha para la boda y renunciar a esta nueva persona que hay en mi día a día... o empezar de nuevo, no dejar pasar la oportunidad que me está regalando la vida, no perder la felicidad y las ganas de vivir que me está brindando esta nueva persona... Espero tomar la decisión adecuada, no tengo miedo de pasarlo mal, tengo miedo de hacer más daño del necesario y de acabar equivocándome... Hoy es un día gris para mí (Sí, he leído el estado de mi amigo Historias).

Paulo Coelho: "Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer".



jueves, 8 de noviembre de 2012

Carpe diem

Hoy me he encontrado con una antigua amiga del bachillerato, han pasado siete u ocho años, apenas nos hemos reconocido... La he saludado y hemos estado hablando un rato hasta que he tenido que entrar en clase... ya no somos las mismas, hemos crecido, hemos cambiado... y a raíz de este encuentro, han venido a mi mente recuerdos del pasado, de los tiempos del instituto, de antiguos amigos, que algunos han dejado de serlo y otros no, pero con los que apenas tengo contacto por la vida universitaria y las cosas de la edad... y leyendo ésto que he escrito, cualquiera diría que tengo cincuenta tacos y hablo de los tiempos de Franco...

Han venido a mi mente momentos buenos y momentos que no lo fueron tanto. Los ratos de risas en los intercambios de clase, jugando a la brisca por parejas, Raquel y yo siempre juntas, picadas a más no poder con esos dos chavales más picados aún que nosotras, parejas formadas por Juan Carlos, Pedro, Juanjo o Diego que se iban turnando para recibir la paliza del 120-0 en más de una ocasión. A veces el día se presentaba generoso y algún profesor faltaba, entonces era cuando tenía lugar un maratón de naipes como el vicio se merecía, en ocasiones nos quedábamos en clase, otras empalmábamos con el recreo y nos metíamos en "La Gramola", a comer palomitas y tomar CocaCola mientras las cartas no dejaban de circular por la mesa... las cartas, las risas, las bromas, los ratos de amigos. Y es que no parábamos en los años de instituto... Cuando no robábamos exámenes de otras clases, tirábamos bombas fétidas en los pasillos o formábamos nubes de tiza soplando el polvillo que quedaba en la repisa de la pizarra.

Y es que cuando uno está en el instituto, todo le parece muy duro, que hay que ver que la bizca de historia me ha puesto un examen de un día para otro, que hay que ver que el de dibujo me tiene manía y lo único que le gusta es dejarme en ridículo en clase, que si no hay manera de que las derivadas me entren en la cabeza... Cualquier cosa que se presentara parecía un mundo y ahora es cuando me doy cuenta de que aquellos años eran realmente una época en la que no había preocupaciones, que la situación más complicada a la que podía enfrentarme era sacar una nota baja en un examen, que la profesora de lengua me quitara 0.25 puntos por poner mi apellido sin tilde (y recalco que mi apellido no lleva tilde) o que el chico que me gustaba pasara de mí... buscar un trabajo quedaba lejos, no tenía que pensar en cómo pagar una casa, ni una reforma, ni en planes de boda frustrados porque los sentimientos cambian y se hace daño a las personas que tenemos cerca,... y es que lo complicado de la vida está al salir de ahí. Por suerte o por desgracia, aún estoy a tiempo de disfrutar el final de mi etapa estudiantil, aunque sea más complicada que hace algunos años, lo importante es darse cuenta de que el tiempo se escapa como arena entre los dedos, que hay que disfrutar cada momento al máximo... ya sabes, carpe diem.

Robert Louis Stevenson escribió: "Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir".



sábado, 3 de noviembre de 2012

Sueños

Aún no sé si todo ha sido un sueño. Al despertarme esta mañana, sentí el roce suave de unos dedos por mis hombros, unos labios regando mi cuello de besos con una ternura indescriptible, unas manos que abrazaban mi vientre y me apretaban contra él, dejándome sentir su calor, estrechándome contra su cuerpo, un susurro en mi oído con las palabras "te quiero", un mosdisquito en el lóbulo de la oreja y el sonido del aire al escaparse una sonrisa... quise darme la vuelta, pero sabía que no estaba ahí, que sólo había sido mi imaginación, lo que no tenía claro es si era un sueño o un recuerdo... y fue entonces cuando me incorporé y sentí mi cuerpo dulcemente dolorido con una mezcla de agujetas y cansancio muscular, y supe que no lo había soñado, supe que pasó...

Supe que ese plano que me dio para jugar a la búsqueda del tesoro a la salida de clases fue real, que lo que encontré al alcanzar el punto de la X no se me podría haber pasado por la cabeza ni en mis mejores sueños. Supe que ese festín de delicias, de miradas, de sonrisas, de besos, de caricias, de ganas de devorarnos, no había sido cosa de mi imaginación. Supe que las horas que pasamos tirados en el suelo escuchando música de fondo, los ratos de risas, de cosquillas, los momentos en que la pasión se apoderó de nosotros, en que parecía que íbamos a arrancarnos la piel a bocados, en que clavamos las uñas el uno en la espalda del otro, en que nuestras manos se buscaban desesperadamente, en que nuestras gargantas sólo podían emitir gemidos y gritos ahogados y nuestros cuerpos se fundieron en uno, eran reales. Supe que la conversación plagada de bromas, de sentimientos, de emociones, de recuerdos, de confesiones, de sinceridad, de complicidad y de una infinidad de sensaciones y momentos mágicos, sin más ropa que una camiseta, con mi cabeza descansando en su pecho mientras nuestras manos jugaban revoltosas regalándonos caricias, sucedió de verdad. Supe que ese cielo lleno de nubes que vimos en la azotea, ese cielo que dejaba ver un sol tímido de forma intermitente, ese cielo que empezó a derramar sobre nosotros pequeñas gotas de lluvia mientras hablamos de que por un instante sentimos que ésa era nuestra vida, asomados a la baranda, mirando hacia la calle, viendo a la gente pasar, uno al lado del otro y nada ni nadie más, supe que todo había ocurrido...

Y entonces me di cuenta de que habíamos conseguido robarle al reloj de nuestro día a día diez horas, y que ese reloj jugó a su antojo con la relatividad del tiempo e hizo que las diez horas parecieran diez minutos. Y me di cuenta de que ahora mismo es lo único que me importa, robarle tiempo al reloj de mi vida para compartirlo con él y dejar a un lado todo lo demás, me di cuenta de que las clases son prescindibles, de que por instinto, le quito ese tiempo a la persona a la que le pertenece legítimamente, y que no puedo evitarlo, y no me siento culpable porque soy feliz. Y seguir con la sensación de que estamos viviendo un sueño... un sueño del que por mucho que nos pellizcamos no conseguimos despertar... y es que quizá no sea un sueño... quizás estemos disfrutando de lo más bonito que hayamos vivido nunca y nos cueste darnos cuenta... quizás estemos más que despiertos y nos dé miedo que todo ésto se vaya tal como vino... sin avisar, como llegan las cosas buenas y como terminan los sueños...

Ninon de Lenclos dijo: "Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad".