viernes, 31 de agosto de 2012

Miradas

No hace falta decir nada cuando los ojos hablan por sí mismos, tu boca puede decir que no, pero ellos me dicen que sí. Puedes decirme adiós cuando no te esté mirando, pero cuando te tengo en frente, en ellos veo que no quieres que me vaya y que tú no quieres despedirte, o al menos eso era lo que me decían antes.

Si ahora te tuviera frente a mí para perderme en tu mirada, no sé qué encontraría. Esos ojos que hace un tiempo me dijeron que estabas ahí por mí, que hace un tiempo te delataban y me contaban lo que tu boca callaba, que me daban las caricias que tus manos me negaban, que me hacían darme cuenta de lo que te costaba aguantarte, esos ojos que se iluminaban al verme, que me decían que te morías de ganas de besarme pero que no podías hacerlo, que me pedían perdón por las veces que había llorado por ti, que revelaban las ganas que tenías de apartarme el flequillo de la cara para ponerlo detrás de mi oreja, que me decían lo que sentías por mí, que me dejaron ver que venías a despedirte...Y mientras tus ojos me contaban todo eso, los míos te decían lo feliz que me sentía en esos momentos, te confesaban lo que mi boca tenía prohibido, te explicaban por qué jugaba nerviosa con mis manos, huían de ti para que no supieras más de lo que estaba permitido, para que las cosas no te resultaran más difíciles, cuando mi boca te decía que todo estaba bien, que no te preocuparas por mí, ellos me traicionaban, y si ahora miraras en ellos te darías cuenta de que estaría mintiéndote otra vez.

Quisiera poder volver a ver tus ojos, mirar dentro de ellos y saber si aún queda algo de lo que hubo un día y que tú supieras que para mí, es como si el tiempo no hubiera pasado.

"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada". Gustavo Adolfo Bécquer.


jueves, 30 de agosto de 2012

A ellos

A ellos le debo todo lo que soy ahora. Ella me alimentó durante años, él me llevaba a pasear cuando ni siquiera sabía caminar, ella me enseñó a hablar, con él di mis primeros pasos, ella se levantaba muy temprano para darme el desayuno y prepararme para el colegio, él me llevaba y me recogía de la parada del bus todas las mañanas, con frío, lluvia o calor, ella me tenía preparado el almuerzo cuando volvía de clase, él me daba la mano cuando caminaba conmigo, ella fue la primera en darse cuenta de que me estaba saliendo el primer diente, él me llevaba a tomar fanta de naranja y me daba el dinero de la vuelta, ella me llevaba a la calle y siempre acababa comprándome algo, él me dejaba usar sus herramientas a pesar de que muchas veces acababa rompiéndolas, ella se dio un tijeretazo en la mano cuando me cortaba el pelo, él tenía toda la paciencia del mundo conmigo, con ella preparé mis primera comidas, él me enseñó a trabajar la madera, ella me enseñó a rezar, él me llevaba a los columpios del parque, ella me enseñó todas las canciones que sabía de pequeña, él me compraba los fascículos que me gustaban del kiosko, ella me enseñó cómo debía comportarme, él me enseñó que no debía decir palabrotas, ellos eran los únicos que me llamaban por mi nombre.

Con los años todo ha cambiado. Ella está muy mayor, apenas puede moverse sin ayuda, su pelo está más blanco, su mirada nublada, no oye bien, a veces le falla la memoria pero sigue teniendo ese carácter que sólo he conocido en ella,  ahora hay que tener mucha paciencia y darle mucho cariño aunque a veces no resulta fácil. Él se puso muy malito, cada día fue apagándose un poco más hasta que se durmió, recuerdo que lloró porque no pudo felicitarme en mi cumpleaños, recuerdo que no pude estar con él en su último día, recuerdo que nunca había sufrido tanto, con él se fue una parte muy importante de mi vida.

Nunca podré agradecerles todo lo que hicieron por mí sin esperar nada a cambio. No hacía falta darles las gracias, sólo un beso y una sonrisa les bastaba. Ahora mismo no sería nadie si mis abuelos no hubieran estado en mi vida.

"Nadie puede hacer por los niños lo que hacen sus abuelos: salpican una especie de polvo de estrellas sobre sus vidas". Alex Haley


miércoles, 29 de agosto de 2012

Consejos

Hoy me atrevo a darte uno, algo que yo practico y que, aunque no es la panacea, a veces me hace sentir mejor. Sé que suena ridículo, quizá algo infantil, carente de sentido, absurdo y que no a todo el mundo le ayudará en los malos momentos, pero quiero compartir contigo esto, para que veas lo disparatada que puedo llegar a ser.

Cuando estés feliz, cuando te sientas como nunca antes te has sentido, cuando sientas que tienes ganas de gritar, hazte una foto, una foto cutre, con el móvil, da igual, una foto en la que se vea tu felicidad, en la que se vea el brillo de tus ojos, una foto con esa sonrisa enorme que no te cabe en la cara. No la guardes, llévala siempre encima, imprímela si quieres o tenla en el móvil, pero nunca te separes de ella. 

Y justo, cuando te sientas triste, cuando parece que el mundo se te viene encima, cuando no tienes fuerzas ni para dar un paso, cuando sólo puedes llorar, cuando ni siquiera te salen las lágrimas, cuando tienes el alma rota, echa mano del móvil, de la cartera o de dónde tengas esa foto y mírala. No tengas prisa. Obsérvala tranquilamente, cada detalle, esa sonrisa, esos ojos brillantes, entrecerrados, esos hoyuelos junto a la boca, esos dientes que no podías tapar debido a tanta felicidad como sentiste. Recuerda ese momento, recuerda qué fue lo que te hizo sentir así, recuerda las carcajadas, la visión nublada por las lágrimas saltadas, recuerda que en ese momento podías cargar con el mundo a tus espaldas, que podías afrontar cualquier situación, que la vida era maravillosa. Aún seguirás triste después de hacer eso, hazte otra foto, una foto que refleje la tristeza de tus ojos, la desilusión de tu mirada, la falta de luz en tu cara, la ausencia de sonrisa y, de nuevo, llévala siempre encima.

Repite esto a lo largo de tu vida y cada vez tendrás más fotos con sonrisas y más fotos con lágrimas. Cuando estés mal, ve viéndolas, comprobarás que están alternadas las de momentos felices con las de momentos tristes. Piensa un poco y te darás cuenta de que en la vida has pasado por muchos malos momentos, pero eso no ha impedido que vuelvas a sonreír. Es muy difícil, pero intenta quedarte con lo bueno. Yo aún estoy aprendiendo a hacerlo...

La frase de hoy seguro que ya la conoces, es de Rabindranath Tagore:
"Si lloras porque no puedes ver el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas".


martes, 28 de agosto de 2012

Blade Runner

Para la mayoría, estas dos palabras significan el título una película de esas que tienes que haber visto por lo menos una vez en tu vida, un clásico de la ciencia ficción y madre (esto último seguramente me lo discuta alguien) de las de hoy en día. Es una de esas películas míticas que nadie puede perderse, como E.T, la historia interminable, el club de los poetas muertos, la lista de Schindler o Forrest Gump. Lo más probable es que tengas una lista de tus favoritas, de las que te hacen estremecerte, te ponen la piel de gallina, te traen recuerdos de la primera vez que las viste o simplemente, te gustan porque sí.

Para mí es el principio del fin de todo. Es un regalo que esconde una pequeña mentira, un regalo camuflado en forma de préstamo, algo que tenía que devolver, algo que me iba a permitir volver a tener una sonrisa, una ilusión porque volvería a verle, algo que haría que lo tuviera frente a mí de nuevo y disfrutar de su mirada, quizá de alguna caricia, disfrutar un rato de risas cara a cara, de sus ojos diciéndome quiero y no puedo, de jugar nerviosa con mis manos para no coger las suyas, de silencios llenos de pensamientos que los dos conocíamos... Para mí es una despedida que me costaba la misma vida llevar a cabo y en la que reculé a última hora, una situación en la que la gente habló por hablar y en la que todo empezó a ser difícil, una situación que nos hizo sentir culpables sin haber hecho nada malo. Guardo esa película en un cajón al que no doy mucho uso, al principio la tenía todos los días en mis manos y pensaba que no todo había acabado, pero ya no puedo verla. Sé que está ahí, pero no puedo abrir ese cajón, porque al hacerlo también dejo abierta la puerta de esos recuerdos. Ese día me despedí de él con una sonrisa y un pacto, dejar de hablarnos hasta pasados unos días, ese día volvía a casa con una sonrisa sin saber lo que se avecinaba, era feliz porque no se había acabado, de lo que no tenía ni idea era de que una semana después sería uno de los peores viernes de mi vida. Desde el 24 de mayo, Blade Runner no es para mí sólo una película.

"Un comienzo no desaparece nunca, ni siquiera con un final". Harry Mulisch.
"Desde el comienzo puede asegurarse el fin". Quintiliano.

El tiempo ha hablado, y, por mucho que me pese, creo que en esta ocasión tiene razón Quintiliano.