domingo, 28 de octubre de 2012

De pelea con el tiempo

Llegó el momento de meterle mano al reloj, de recorrer sus intimidades alterando su funcionamiento, de entrometernos en su marcha normal, llegó el momento de cambiar la hora. ¿Toca adelantar o atrasar? Nunca me entero, pero se ve que no soy la única...

En la escuela, no sé cómo se las apañan, pero ningún año hacen bien el cambio de hora. Recuerdo mi primer año en el mundo universitario, en el interior de ese llamado edificio inteligente, que de inteligente no tiene mucho, porque en invierno nos asamos como pollos y en verano parecemos esquimales, enfundados de arriba a abajo con polares y bufanda. Volviendo al tema de la hora, que luego dicen que las mujeres le damos veinte vueltas a todo para contar algo, el encendido y apagado de luces y aparatos de climatización está programado y se ve, que después de todos los años que lleva la escuela en funcionamiento, aún no han dado con la tecla de "horario de invierno" y "horario de verano", así que todos los años nos dejan a oscuras antes de que acaben las clases de la última hora, los alumnos nos hartamos de reír, porque en ese momento sacamos los móviles y los utilizamos como linternas (y aprovechamos para mandar algún whatsApp que otro, para qué voy a decir otra cosa).  Con esto del cambio de hora, sé de uno que llegó antes de tiempo a su propia boda, porque no se acordó de darle una vuelta de tuerca a las manecillas del reloj, y, desesperado, pensó que lo habían dejado plantado en el altar. Pero lo mejor de este invento del horario de invierno, es poder pasar tiempo con la persona a la que quieres y que, sin darte cuenta, el día te regale una hora más para poder disfrutarlo al máximo, una hora más de besos, de caricias, de miradas, de sonrisas, una hora más que poder robarle al reloj, una hora más para olvidarse del mundo y poder fundirse en un sólo cuerpo sin prisas, sin estar pendientes del tiempo, sin que exista nada más... Al fin y al cabo, un regalo más de ésos que a veces nos presenta la vida.

Charles Chaplin dijo: "El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto".



miércoles, 24 de octubre de 2012

Cuando menos te lo esperas...

¿En qué momento empezó todo?¿Cuándo dejó de ser un entretenimiento para convertirse en algo que realmente me importaba? No lo sé. No sé cuál fue el comienzo, no sé qué cambió, no sé qué ocurrió, no sé por qué, sólo sé que de repente pasó...

Todo comenzó como un simple pacto, un acuerdo para pasar un buen rato, simplemente era un tiramillas: pasarlo bien y nada de sentimientos y, al principio, lo fue... Tengo las imágenes de los primeros días grabadas en mi cabeza. Recuerdo un encuentro en una rotonda, un cruce de miradas, recuerdo verlo parar el coche y recuerdo como salí corriendo para casa entre descolocada y temerosa. Recuerdo quedar con él en una cochera y pasar una hora y pico de pie, hablando, sin apenas mirarnos a los ojos, recuerdo que fue una situación extraña pero que ambos estábamos cómodos dadas las circunstancias. Hoy en día, aún recuerdo que pensé que no quería volver a verlo, pero había algo que no dejaba que fuera así, de modo que volvimos a quedar, recuerdo que le dije que lo mejor para que no quisiera seguir viéndome era pasar conmigo dos horas seguidas, recuerdo que me dijo que mi remedio era un mojón y me miró a los ojos, y entre divertido y tranquilo, reprimiendo una sonrisa con la boca, pero no con los ojos, me pidió un beso, bueno no, me preguntó si podía darme un beso, y sin saber por qué, asentí.

Recuerdo los encuentros furtivos, encerrados en un coche en cualquier aparcamiento, escondiéndonos del mundo, recuerdo hablar mucho, escuchar la radio y algún beso ocasional, recuerdo que me acariciaba la mejilla y que yo cerraba los ojos y me fundía con su mano, recuerdo una mirada tierna, llena de un cariño no pactado, que se mantenía fija en mis ojos mientras me besaba el dorso de la mano, recuerdo el roce sutil de sus dedos por el borde de mi blusa, los anillos que hacía jugando con mi pelo, me di cuenta de que esa forma de acariciar no era la de un entretenimiento vacío. Recuerdo que pronto dejó de ser un tiramillas, que todo cambió para los dos en poco tiempo, recuerdo que fue cuestión de vernos cuatro o cinco veces para que nuestras miradas delataran lo que nosotros callábamos. Recuerdo haber levantado un muro en una ocasión, un muro contra lo que podía hacerme daño, y dejarlo caer inconscientemente de un día para otro. Recuerdo no querer ilusionarme y no dejarme llevar porque no podíamos permitírnoslo, porque ambos teníamos una vida, recuerdo que la curiosidad mató al gato y a mí me dio un bofetón y que por cotillear en su facebook me topé de bruces con esa parte de su vida en la que yo no estaba presente y que seguía existiendo de forma paralela a nuestros encuentros. Recuerdo que le dije que al día siguiente tenía que contarle algo, recuerdo que iba a despedirme contra mi voluntad, antes de que todo explotara, antes de volar más alto, recuerdo que estuve a punto de romper el pacto del tiramillas y recuerdo que al final reculé y le dije que era muy bonito el suelo de su casa...

Recuerdo que tras quince o veinte días me dijo que teníamos que hablar, recuerdo que una parte de mí estaba tranquila, pero que la otra parte estaba aterrorizada. Recuerdo un café en cualquier cafetería de cualquier pueblo perdido y una frase: "en menos de un mes ha estado a punto de escapárseme un te quiero más de una vez". Recuerdo dejar de escondernos en ese momento, porque no había nada que mostrar a nadie, sólo a nosotros mismos, recuerdo sus ojos fijos en los míos, unos ojos que me lo decían todo, sin necesidad de palabras y que no necesité explicarle nada, que él lo entendió todo con sólo una mirada. A partir de aquella tarde nada ha vuelto a ser igual, nunca sé lo que me espera cada día, cada segundo con él es una ilusión, una sorpresa, es una sonrisa permanente, cada segundo que podemos robarle al reloj de nuestras vidas lo es todo. No sé qué he hecho para merecer lo que estoy viviendo, no sé si después vendrán lágrimas, sé que no está bien si tenemos que escondernos, pero no veo nada de malo en ser feliz y por una vez en mi vida, soy completamente feliz y me atrevo a decir que los dos lo somos...

Benjamin Franklin dijo: "La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días".



martes, 23 de octubre de 2012

A última hora

"Cuando digo que eres genial es por algo. 
Cuando digo que como tú no hay otra, lo digo convencido.
Cuando digo que además de especial eres increíble, no lo digo por decir.
Cuando digo que tienes tela de arte es porque me río contigo cuando hablas y cuando callas, porque cualquier gesto tuyo es un discurso... No he visto en mi vida unos ojos y una cara más expresivos, nunca...

Y así es normal enamorarse.

Lo raro sería no hacerlo.
Lo raro sería tener la suerte de compartir contigo el tiempo que me estás regalando y no caer en tu bendita red.
Lo raro sería no intentar por todos los medios retenerte, dejarte pasar, no querer que formaras parte de mi vida.

Y no quiero dejarte escapar.

Me niego.
No estoy dispuesto a renunciar a ti y a todo lo que significas para mí, a todo lo que me estás dando y a todo lo que estoy viendo en ti.
No estoy dispuesto a renunciar al inmenso placer que me produce escucharte decir que eres feliz como nunca, que nunca habías estado así, que me quieres y que te vuelvo loca, que piensas en mí constantemente.
No estoy dispuesto a renunciar a seguir haciéndote feliz mientras me dejes y pueda.

Y me da igual lo que cueste y el tiempo que me lleve.

Nada me importa que no seas tú.
Mi vida gira ahora en torno a ti.
Todo el tiempo contigo es poco y todo el tiempo sin ti es perdido.
Cada noche me acuesto a tu lado y cada día me despierto con tu sonrisa reflejada en la mía.

Y no tengo prisa.

Sé que estás y estarás porque me lo dices y me lo creo.
Sé que los dos sentimos de corazón todo lo que nos decimos.
Sé que puedo confiar en ti a ciegas y lo hago.
Sé que los dos queremos más, aunque sea complicado.

Y sé que todo esto no puede quedar en nada.
Y sé que quiero quererte más de lo que ya lo hago.
Y sé que eres lo más maravilloso que podría haber puesto en mi camino quien quiera que maneje esto.
Y sé que te quiero.
Y sé que me quieres.

Y ya no me importa nada más que seguir viéndote feliz".

Y esto es lo que me he encontrado en mi bandeja de entrada a última hora del día, después de un lunes raro, una tarde larga de clases y un estado de ánimo un poco "plof". A última hora he recibido un rayo de luz inmenso. Me siento afortunada... sé que soy afortunada.




sábado, 20 de octubre de 2012

Sola entre la gente

Esta mañana estaba ojeando mi Facebook y me he con topado el caso de Amanda Todd, sé que la noticia tiene unos cuantos días, pero he buscado información sobre lo que le ocurrió a esta niña y me he encontrado con algo que, por desgracia, me es de sobra conocido...

Esta chica hizo algo de lo que no tardó en arrepentirse y como consecuencia sufrió el acoso de un desconocido, y lo que es peor, de los que ella pensaba que eran sus amigos... y es que eso del "bullying", algo que lleva existiendo muchos años pero que ahora, al tener un anglicismo que lo define, nos hace tener más conciencia social, te destroza, te destruye como persona, te quita las ganas de vivir...

De pequeña, era la típica niña gordita con cara de inocente, y no sólo la cara, era de esas niñas que no pillaban una y que eran muy infantiles. Cuando empecé el colegio tenía cuatro años, recuerdo la intensidad de las dos primeras semanas: los madrugones, el trayecto en autocar, los compañeros y compañeras de clase, los recreos... recuerdo que pensé para mis adentros que era lo mejor que había conocido, porque donde yo vivía no tenía vecinos ni primos con los que jugar y además soy hija única, así que tenía la oportunidad de estar con niños y niñas de mi edad, cosa que desconocía por completo... pero, de repente, un día todo cambió. Una mañana, al ir al colegio en el bus, me sentaron junto a una niña de mi clase, como éramos muchos, nos ponían muy apretados y se ve que a ella no le hizo mucha gracia que me colocaran allí... recuerdo que ese fue el comienzo de todo. Empezó a pellizcarme para echarme fuera del asiento, me tiró del pelo durante todo el camino y me dio patadas y puñetazos, al principio aguanté un poco, pero después acabé "chivándome" a la profesora que iba en el autocar, así que la castigaron. Mi mala suerte hizo que esa niña fuera de las llamadas "populares", de esas que tienen una pandillita de monos imitadores a su alrededor... a partir de ese día mi vida fue un infierno. Al principio sólo fueron insultos, nadie me hablaba, y los pocos que lo hacían era para ofenderme, para llamarme gorda, foca o subnormal, empezaron a desaparecer mis libros y mis cuadernos y cuando reaparecían, lo hacían llenos de pintadas, de palabrotas que ni siquiera sabía lo que significaban, con las portadas rotas o llenos de escupitajos. Recuerdo que no podía pedirles ayuda con los deberes a mis padres, porque me daba vergüenza que vieran los libros y los cuadernos, recuerdo que un día mi madre me estaba guardando el bocadillo en la mochila y vio el libro de matemáticas destrozado, recuerdo que me cayó una bronca monumental y recuerdo que no podía justificarme. Después llegaron los empujones, las zancadillas y demás agresiones que podían parecer accidentales, de ese modo, si se me ocurría decirle algo a algún profesor, había un grupo de unos veinte o treinta niños que dirían que fue sin querer, y sería su palabra contra la mía. Pasados un par de meses, la cosa fue yendo a peor, recuerdo un día muy frío de noviembre en el que tuve que volver a casa sin abrigo porque había desaparecido misteriosamente, recuerdo la bronca de mis padres al enterarse, recuerdo los castigos, recuerdo a mi madre gritándome con las lágrimas saltadas que no sabía qué hacer conmigo, recuerdo que quería decirle que no era mi culpa... Ese mismo mes, los accidentes pasaron a ser palizas en toda regla, un miércoles en el autocar, me sujetaron entre cuatro para dejar a los otros siete que se desahogaran a gusto conmigo, aún siento el dolor de las patadas y puñetazos en el estómago y en la espalda, recuerdo que al llegar a casa, mi madre quiso bañarme y le tuve muy malas contestaciones para que se enfadara y no lo hiciera, recuerdo mirarme al espejo estando ya sola, recuerdo ver todo mi cuerpo lleno de cardenales, recuerdo llorar en silencio y hacer un gran esfuerzo para meterme en la bañera. Llegó un momento en que no me sentía segura ni en mi propia casa, me dejaban notas en el buzón o me llamaban por teléfono para insultarme, pero lo peor era cuando descolgaban mis padres, les contaban no sé qué historias y al final era volver a lo de siempre, más dolor y más reproches que no podía rebatir. 

Durante ocho años, los únicos periodos de tiempo en los que podía olvidarme un poco de todo este infierno eran las vacaciones de verano y las de Navidad, me daba pánico que llegara septiembre y todos los años tenía la esperanza de que en el siguiente curso cambiara algo... pero ese cambio nunca llegaba. Lo peor no eran los golpes ni las humillaciones, lo peor era la soledad, saber que no tenía a nadie que pudiera entenderme, nadie con quien hablar, sentir que no valía nada y que hasta mis padres estaban hartos de mí. Todavía no he logrado entender cómo unos niños pequeños pudieron marcar tanto mi vida, aún no he olvidado sus nombres y sé que nunca lo haré. Me hicieron perder mi infancia y mi inocencia, pero ahora soy como soy por ellos, y aunque no les agradezco en absoluto esos años, han hecho que me dé cuenta de lo fuerte que puedo llegar a ser.

Con esta entrada no pretendo dar pena, no pretendo contar mi historia, ni aparentar lo que no soy. En estos casos no vale eso de intentar ponerse en el pellejo del otro, no sirve de nada la empatía, ni la lástima, sólo el que ha pasado por eso sabe lo que es. En estos momentos, me gustaría que no sólo leyeran mi blog adultos, sino también niños y adolescentes, para que, si conocen un caso de éstos, no miren hacia otro lado y no contribuyan a hacer un infierno de la vida de nadie.