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lunes, 8 de julio de 2013

Whatspapá

Mi padre progresa adecuadamente con el WhatsApp. La comunicación por este medio se ha vuelto más que habitual, e incluso diría que ha llegado a ser la única vía por la que conversamos últimamente...

Que estamos sentados a la mesa y quiere que le pase la sal, piticlín que te crió; que se le acaba el papel higiénico, me manda una foto del rollo pelao; que un compañero le envía un chiste, copy-paste al canto; que tengo que llevarlo en coche, me manda su ubicación, no vaya a ser que no encuentre mi casa desde la cochera...

Ahora ha descubierto los grupos, y ha creado uno llamado "Familia", en el que sólo estamos él y yo, se ve que el hombre no tiene bastante con tener un chat abierto conmigo, aunque él se empeña en decir que es para cuando mi madre tenga WhatsApp añadirla, cosa que me resulta, cuando menos, coomplicada, porque mi madre no se lleva bien ni con los SMS...

La última novedad es que ha descubierto la existencia de un botón que cuando lo pulsa, aparecen muñequitos... y ya no recibo ni un sólo mensaje sin su correspondiente emoti: con el de la sal, me manda el de la flamenca con la bata roja, supongo que por aquello del salero; con el del chiste, el que se ríe a carcajadas hasta que se le saltan las lágrimas, aunque ni tenga gracia ni ná; el mensaje para recogerlo va acompañado del correspondiente dibujito del coche, y con el del papel higiénico creo que no tengo que decirlo (pista: es marrón y tiene ojos saltones).

Miedo me da cuando descubra que puede grabar vídeos... no quiero pensar en lo que me mandará en lugar de la foto del rollo pelao... o del escato-emoti...


martes, 30 de abril de 2013

Operación bikini

Me he decidido, ya no pasa ni un día más, al fin y al cabo, tenía que llegar tarde o temprano... Hoy empiezo la operación bikini. Me he puesto a dieta, y no la del cucurucho precisamente (bueno, cambiemos "precisamente" por "exclusivamente"). En fin, como iba diciendo, estoy oficialmente a dieta, me he propuesto perder unos kilitos para sentirme mejor conmigo misma, y como la idea de ir al gimnasio o hacer jogging me da muchísima pereza, voy a reducir y controlar mi ingesta de alimentos... aunque un helaito sí que me comía yo ahora...

Como dicen que más vale malo conocido que bueno por conocer, he rescatado la dieta que me puso el endocrino cuando tenía once años, con la que me quedé encanijá perdía. Este régimen es de los que te permite comer lo que quieras, sólo tiene una pequeña pega, y es que no puedes comer nada que empiece por P, pero quien hace la ley, hace la trampa... Así que yo no comía pasta, sino espaguetis o macarrones, tampoco probaba el pan, sólo lo rellenaba con paté y desayunaba un bocadillo, y cuando me apetecía algo dulce no compraba pasteles, sino caracolas de chocolate. El problema de la dieta es que acabé un poco obsesionada con la P-letrita: dejé de patinar, tuve que echar al perro de casa, doné mis Pepe Jeans a la parroquia y nunca recogí los paquetes que mi abuela me mandaba por correo. Y ahora estoy pensando en cómo decirle a mi pareja lo de la dieta esta...




viernes, 26 de abril de 2013

Trasteando...

Yo no soy desordenada, es que guardo las cosas y no me acuerdo dónde, pero desordenada, no... Sí que es verdad, que el hecho de tener cincuenta pares de zapatos guardados en tres sitios diferentes, hace que haya encontrado esta mañana esas botas con vueltas de lana que tanto me gustan, y resulta que mi gorrito para el invierno no se lo presté a mi madre después de todo, y al final tampoco me habían robado los patines...

Y es que, aunque no soy desordenada, tengo muchas cosas: mucha ropa, muchos zapatos, muchos complementos, muchos abrigos, muchos papeles... y mucho sitio donde guardarlo todo y claro, ahí empiezan los problemas... Para más inri, soy un poco urraca, que no Diógenes, como dice mi madre, lo que pasa es que hay que saber aprovechar las oportunidades que se te presentan: como ese espejo de cuerpo entero que encontré en el contenedor y que quedaba estupendamente en mi estudio, o el tambor de aquella lavadora para guardar las patatas y las cebollas,... pero lo de urraca viene por otro lado, y es que me gusta guardar las entradas de cine, aunque con el paso de los años se haya borrado la tinta y no sepa de qué película son, o los tickets de la compra de regalos, incluyendo los de recién nacidos que ya tienen espinillas, o incluso, el plástico de pompitas de embalar, por si acaso me hace falta alguna vez para algún invento... Porque eso de que cuando tiras algo es cuando te hace falta, es una verdad como un templo, así que yo no tiro nada y recojo lo que podría necesitar alguna vez...

A mi madre eso no le hace mucha gracia, lo peor es cuando se le cruzan los cables y me dice que ordene mi cuarto (o peor, mis cosas, porque al menos mi cuarto se reduce a una habitación), me paso el día entero moviendo de un lado a otro, un batiburrillo de lo que para ella son trastos... y claro, ya que saco un álbum de fotos, me pongo a verlas, ya que encuentro una carpeta con las cartas de mis antiguos novietes, me pongo a leerlas, ya que encuentro el vibrador... Bueno, os dejo que tengo que seguir ordenando mi cuarto...


viernes, 21 de diciembre de 2012

Pandemia

Estoy enferma.

Al parecer es una de esas enfermedades que se creían erradicadas, de ésas que actualmente se consideran raras... Los médicos no tienen un diagnóstico claro, sólo pueden decirme que hay algo en mí que no es como debería... y la verdad es que estoy un poco asustada.

Llevo unos cuatro meses con los mismos síntomas... y precisamente, lo que me da miedo es dejar de sentirlos... Aceleración del ritmo cardíaco cada vez que está cerca, esas mariposas en el estómago cuando sé que voy a verlo, ese brillito en los ojos cuando miro a los suyos, esas ilusiones que crecen cada segundo que compartimos, la sonrisa que se dibuja en mi cara al pasar por la librería Beta, por la rotonda, por esas calles del centro que recorremos con paso rápido y sin tener ninguna prisa, al abrir el maletero del coche, esos sueños permanentes que me transportan a un futuro no muy cercano y me muestran un despacho en una planta baja y un porche en el que tomar una cerveza al fresco... y quizá algún niño pequeño, ganas de vivir, de no dejar nada atrás, de quererlo todo, de tirarme a la piscina sin ver si hay agua... Y es que me he dado cuenta de que se trata de eso, de quererlo todo: quiero hacer las compras de navidad, salir del país, que me duela la boca de tantos besos, sentir una caricia, quedarme a dormir, hacerme un tatoo, hacer planes y no estar pendiente de nada más, llenar cientos de álbumes con fotos y recortes, celebrar cumpleaños, ir a la playa en diciembre para ver atardecer, encontrar un mensaje cada mañana en mi correo, compartir un cigarro, decirlo todo con una mirada, ver la tele, ser libre para poder vivir, para poder vivirlo todo...

No sé qué será esta enfermedad, sólo sé que es una de esas enfermedades raras, de ésas que muy pocas personas tienen... y otra cosa que sí sé, es que deseo con todas mis fuerzas que no llegue a existir nunca una cura, que sea muy contagiosa, que se propague por el aire y que se convierta en una pandemia... porque a todos deberían inocularnos esta enfermedad al menos una vez en la vida...

Stendhal dijo: "La persona que no ha amado apasionadamente, ignora la mitad más hermosa de la vida".



domingo, 28 de octubre de 2012

De pelea con el tiempo

Llegó el momento de meterle mano al reloj, de recorrer sus intimidades alterando su funcionamiento, de entrometernos en su marcha normal, llegó el momento de cambiar la hora. ¿Toca adelantar o atrasar? Nunca me entero, pero se ve que no soy la única...

En la escuela, no sé cómo se las apañan, pero ningún año hacen bien el cambio de hora. Recuerdo mi primer año en el mundo universitario, en el interior de ese llamado edificio inteligente, que de inteligente no tiene mucho, porque en invierno nos asamos como pollos y en verano parecemos esquimales, enfundados de arriba a abajo con polares y bufanda. Volviendo al tema de la hora, que luego dicen que las mujeres le damos veinte vueltas a todo para contar algo, el encendido y apagado de luces y aparatos de climatización está programado y se ve, que después de todos los años que lleva la escuela en funcionamiento, aún no han dado con la tecla de "horario de invierno" y "horario de verano", así que todos los años nos dejan a oscuras antes de que acaben las clases de la última hora, los alumnos nos hartamos de reír, porque en ese momento sacamos los móviles y los utilizamos como linternas (y aprovechamos para mandar algún whatsApp que otro, para qué voy a decir otra cosa).  Con esto del cambio de hora, sé de uno que llegó antes de tiempo a su propia boda, porque no se acordó de darle una vuelta de tuerca a las manecillas del reloj, y, desesperado, pensó que lo habían dejado plantado en el altar. Pero lo mejor de este invento del horario de invierno, es poder pasar tiempo con la persona a la que quieres y que, sin darte cuenta, el día te regale una hora más para poder disfrutarlo al máximo, una hora más de besos, de caricias, de miradas, de sonrisas, una hora más que poder robarle al reloj, una hora más para olvidarse del mundo y poder fundirse en un sólo cuerpo sin prisas, sin estar pendientes del tiempo, sin que exista nada más... Al fin y al cabo, un regalo más de ésos que a veces nos presenta la vida.

Charles Chaplin dijo: "El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto".



viernes, 19 de octubre de 2012

En clases

Nunca me había parado a pensar en lo que puede dar de sí una clase. Dos horas que se presentan eternas en un principio, y a medida que va pasando el tiempo, se tornan demasiado cortas...

En horas de clase se puede hacer de todo, tirar de whatsApp y mantener una conversación (absurda o no) con alguien del exterior, o incluso con la persona que tienes sentada al lado, y de vez en cuando se vuelve necesario reprimir una carcajada, esconder la sonrisa floja, disimular una subida de temperatura o incluso enjugar alguna lágrima para pasar inadvertido. También está el típico cuchicheo por lo bajini, que luego resulta no ser tan por lo bajini... y es que el otro día en clase, el profesor estaba dando su opinión sobre lo maravilloso que es Dropbox, inocente de mí, les comenté a mis compañeros de banca en voz baja: "donde se ponga un buen pen, que se quite Dropbox", pero se ve que el concepto de "voz baja" fue relativo porque empezó a reírse la clase entera... y ahora me llegan a mi whatsApp mensajes tales como: "Vivan los pens grandes" o "¿Cotizando para comprar pens de alta capacidad?"... y en esos momentos es cuando pienso que todas las situaciones ridículas me pasan a mí y cuando recuerdo las conversaciones sin sentido que mantenían en primera fila y a toda voz, mis compañeros de clase de BBDD sobre los métodos de depilación púbica y sobre quién era capaz de mover más los pechos... 

Pero lo mejor son los ratos entre clases, esos quince minutos para el cigarrito de las 17.00h, que a veces se prolongan a treinta minutos y el cigarrito pasa a estar acompañado de un café. Son ratos de risas, de encontrarse con compañeros de otras clases, ratos de comentarios, de bromas, de contar batallitas de  cuando quemaron la calle Betis, de recordar momentos de compañeros míticos... y es que en todos sitios está el típico bocazas pesado del que todo el mundo huye, ese al que le dan calabazas mil veces y sigue intentando pillar cacho hasta llevarse un bofetón, el que va de mafioso con los profesores y de chulito con las féminas y al final acaba siendo el centro de todas las conversaciones imitación incluída, el friki que mira raro y te olisquea cuando cree que no te das cuenta, el gótico que lleva tatuada una maquinaria en la parte exterior de la pantorrilla derecha, la pija con sus mega-taconazos con los que no sabe andar, el perro-flauta que tiene toda la destreza del mundo liando cigarrillos y el emo que te mira con cara de "quiero suicidarme y no puedo"...

Y es que lo mejor de la Escuela son esos momentos, los de descanso y los de risa de misa en clase, aunque voy a tener que plantearme una mudanza a la fila de atrás, porque eso de estar a pie de pizarra poniéndole ojitos y sonrisas flojas al profesor...empieza a pasarme factura.


sábado, 6 de octubre de 2012

A jugar

Hace algunos años me aficioné a jugar a los Sims. Al principio me dedicaba a volcar mis deseos frustrados sobre los personajes que creaba, los avenates que me daban durante la adolescencia...


Me dediqué a crear un avatar de mí misma y, para que no estuviera sola en ese mundo tan extenso, inventé un personaje masculino que acompañara a mi yo virtual en las distintas fases de su vida. Al principio, mi objetivo era que se enamoraran, que experimentaran la limerencia en sus propias carnes imaginarias: cenitas con velas, miradas intensas, caricias sutiles, besos tímidos al principio, el comienzo de un noviazgo... Después llegaba la hora de formalizar la relación: pedida de mano, boda íntima y una luna de miel apasionada, desatada, todo el día en la cama, con risas y complicidad. Lo siguiente fue aumentar la familia, pero para eso, tenían que tener un buen trabajo, él se dedicaba a ascender en su carrera profesional y ella tenía la baja maternal cada dos o tres días, que era el tiempo que tardaba en nacer una nueva criaturita, si era niña, su nombre era Europa, Valeria o Victoria y si era niño, Javi, Fernando o Manuel Jesús. Al final se juntaban en la misma casa dos adultos y siete u ocho hermanos que se criaban entre ellos, porque el padre estaba todo el día trabajando y la madre tumbada en la cama con nauseas y una barriga de no te menees. 

Cuando me di cuenta de lo aburrido que era crear una familia convencional, empecé a innovar. La Sim que me representaba empezó a coquetear con toda persona que se le acercara, fuera hombre o mujer, si era un personaje masculino, ella acababa embarazada de cualquiera, aprovechando las aspiraciones familiares del que fuera su esposo, que criaba a los niños de medio vecindario, y si era mujer, simplemente se dedicaban a darse placer en la cama. En otra ocasión intenté que ella se metiera en la cocina, pero no fue buena idea, porque la casa acabó ardiendo, llamaron a los bomberos y ella acabó con una manguera distinta entre sus manos... De vez en cuando, algún Sim moría y su fantasma pululaba de noche por la casa para jugar al ajedrez o ver la tele en compañía, cuando se juntaba más de uno montaban fiestas o se dedicaban a asustar a los mortales, que en ocasiones se unían a ellos porque el susto resultaba ser letal. Estos fantasmas también cuidaban a los bebés, les enseñaban a caminar, a andar, jugaban con ellos o los alimentaban, aunque en ocasiones, hacían las veces de poltergeists y se adueñaban de los electrodomésticos dando calambrazos a diestro y siniestro a todo Sim que se atreviera a manipularlos. Otra causa de muerte era el orgullo del macho que no tiene nada de manitas, pero que se empeñaba en arreglar la televisión o el microondas cuando estaban estropeados... y claro, al final acababan con la cara como Baltasar y los pelos tiesos...

Esta mañana he vuelto a jugar y recordar viejos tiempos, pero, o el juego ha cambiado mucho o mi percepción del mismo ha cambiado con los años: cuando los vecinos vinieron a dar la bienvenida a mis Sims, ha llegado un furgón de policía hasta arriba de agentes que se han lanzado sobre los habitantes de Villa-Verde y los han mandado al hospital, los padres han ido a trabajar y han vuelto a casa desempleados porque la empresa preveía pérdidas, cuando la madre fue a dar a luz al hospital de la seguridad social, le hicieron pagar no sé qué cosa del copago, los niños ya no jugaban entre ellos, sino que estaban enganchados a sus  teléfonos móviles y en las noticias de la tele salió un Sim con barba que decía que estaban corriendo tiempos de austeridad... Parece que ya no hay forma de escapar de la realidad...

** Si leíste la entrada "El patito feo" habrás visto que el principio es igual que el de esta entrada. Empecé a intentar escribir algo gracioso y acabé hablando de algo más serio, pero no quería perder la oportunidad de soltar un chascarrillo aprovechando este juego.


martes, 2 de octubre de 2012

Al día

En los tiempos que corren, aquél que no tiene móvil es un bicho raro, aunque también es verdad que algunos lo son y tienen el último grito en tecnología... Yo tenía un amigo que cuando le preguntaban si tenía móvil, contestaba que no, pero que tenía grapadora, todo fue echarse novia y unirse al resto de masas. 

Y es que hoy en día, el que no tiene móvil, no tiene vida social. Mi abuela, una mujer más que octogenaria, tiene uno de esos condenados aparatitos, no le da al whatsApp porque su vista no se lo permite, pero está todo el día enganchada, más que nada se dedica a mirar la hora y a preguntarle a la gente que tiene alrededor que qué significa el sobrecito que le aparece en pantalla junto al letrero de amena, pero ella es feliz así, porque puede decir que tiene móvil. Cuando salgo a la calle, pase por donde pase, me encuentro a alguna persona caminando con el cacharrito en las manos y observo su comportamiento: algunos tropiezan porque no han visto el bordillo, otros sonríen por lo que están viendo o leyendo y otros, simplemente lo sacan rápidamente para disimular y no saludar a algún conocido con el que se han cruzado. Los niños no iban a ser menos, hasta mi sobrino de tres años tiene móvil, eso sí, el suyo es de esos que tienen caramelos en su interior, pero él está muy contento porque puede llamar a su madrina cuando lo necesite.

Yo no tengo uno de esos smartphone en el que puedes mirar el correo, el facebook, el twitter, usar el shazam o descargar una aplicación que calcule el ritmo de crecimiento de las uñas de los pies. No, yo tengo un ladrillo de los de antaño, eso sí, con whatsApp, que sino no tendría vida social... Yo tengo un móvil pirata y lo de pirata es literal, porque tiene un parche. Hace unos meses sufrió un pequeño accidente, le cayeron encima 67 kilos de patinadora que lo arrastraron por el suelo tres o cuatro metros. El resultado: pantalla partida, una mancha negra que me oculta la mitad de la visión, aunque, por suerte, sigue funcionando. Con el paso del tiempo, esa mancha se ha ido extendiendo y ya no puedo darle al móvil el uso que me gustaría. Mis conversaciones por whatsApp no dejan indiferente a nadie que se atreva a chatear conmigo: ya nunca sé cuándo escribo "sus muelas" o "sus ovejas" y en más de una ocasión, le he confesado mis más ardientes deseos a la persona equivocada. Esa dichosa mancha tampoco me deja ver quién me llama, hace un par de semanas envié un correo a cadena100 para participar en "no digas hola" y cada vez que descuelgo el teléfono contesto "estoy escuchando cadena100", a mi jefe eso no le hace mucha gracia... Otra cosa de la que estoy privada es de poder ver la hora en el móvil, anoche ya ocurrió lo inevitable: mi ladrillo se quedó sin memoria, de modo que no pude poner el despertador, se ve que le costaba mucho al aparatito concederme esa licencia. Así que a la una de la madrugada, estaba a oscuras buscando un reloj de muñeca "casio" que no usaba desde hace unos doce años y que recordaba tener guardado por algún rincón de mi cuarto, y no podía encender la luz porque ya estaban todos acostados. Después de fastidiarme el dedo gordo de un pie y romper una figurita de cristal, encontré el dichoso reloj y puse la alarma para que me despertara a las ocho de la mañana... cuando empezó a sonar, vi que aún era de noche, pensé que estaría nublado, así que me levanté de la cama y bajé a desayunar, a los cinco minutos escuché pasos por la escalera y apareció mi padre, que entraba a trabajar a las seis de la mañana... Desde anoche, ya no sé si puedo seguir echándole la culpa de todo lo que me pasa al móvil...


domingo, 30 de septiembre de 2012

Bichos del demonio

Todo fue entrar por la puerta, encender la luz y verla... Se paseaba a sus anchas, señoreándose, sin esconderse lo más mínimo, delante de mis narices, como haciéndome burla, diciéndome "¡Eah!, ¡aquí estoy!,  no me das miedo...¡a ver de lo que eres capaz!". Y conmigo no se juega... La veda quedó abierta, era ella o yo... La cacería dio comienzo...

Solté las bolsas que traía, el bolso, el abrigo, las llaves y bártulos varios que no me dejaban maniobrar libremente, me metí en el cuarto de los trastos y me enfundé el traje de batalla: guantes de goma, mascarilla,  gafas protectoras, gorro, patucos desechables y me armé con aerosol y cepillo en mano. Durante ese tiempo, no le quité ojo, allí seguía, pendiente de mí, desafiándome, retándome a comenzar la lucha encarnizada... Y entré al trapo... Empezó a correr y yo a perseguirla, fintaba para despistarme pero no contaba con mi astucia: estudié la frecuencia de sus movimientos zigzagueantes y la rocié con spray cuando  ella pensaba que se encontraba a salvo, fue el primer tanto a mi favor. Se escondió en el quicio de la puerta, camuflándose con los nudos de la madera y aproveché la ocasión para propinarle una nueva ducha de aerosol, lo que la hizo sentirse confusa y salir de su escondrijo... Aprovechando que yacía boca arriba, me preparé para asestarle el golpe de gracia con el cepillo, pero al levantar el arma con todo el ímpetu que causaba en mí la situación que estaba viviendo, noté que chocaba con algo, algo duro que provocó un ruido sordo, algo que no recordaba que estaba ahí... ¡mierda!, ¡el reloj de pared!, me retiré lo más rápido que pude, menos mal que mis reflejos son bastante buenos, si no habría perdido un par de dedos de los pies, el ruido fue ensordecedor, cristales rotos por el suelo, las saetas y el péndulo doblados y el cuco asomado observándome con mirada acusadora... Volví a la realidad después del altercado con el señor "Tempus Fugit" y vi que mi enemiga ya no estaba... ¡se había escapado!... o no... estaba riéndose de mí, a mi derecha,  junto a la escalera, dispuesta a subir por las paredes si era necesario, parece que el spray no le había hecho más que cosquillas... Cargué contra ella y empezó a huir, pero en esta ocasión, le corté el paso cerrando la puerta, pero se metió por la rendija inferior... y yo me partí la boca con la dichosa puerta... Esto ya estaba pasando de castaño a oscuro, se había colado en la cocina, eso era terreno prohibido para cualquier individua de más de dos pies... La situación en la que me vi inmersa tres minutos después era similar a la de las películas: cacharros por el suelo, vasos y platos rotos, sillas volcadas, puertas de muebles abiertas, aceitera volcada sobre la encimera, ... Un labio partido, un chichón en la cabeza, un par de cortes en la mano, ojos irritados del spray, dos dedos lastimados por pillármelos con un cajón y un tobillo fastidiado por el peso muerto de una silla sobre él son el resultado de la guerra que se libró anoche en mi casa, en la que por cierto, no hubo ninguna baja... hasta que, enfadada, dolorida y derrotada, me senté en el suelo de la cocina y oí un "crack"... Esta mañana he quemado mis vaqueros favoritos,... pero lo peor es que me da pánico que mi madre vuelva a casa...



domingo, 23 de septiembre de 2012

Calculando

Hoy he visto mi horario de clases, he intentado retrasarlo todo lo posible para no amargarme el final de las "vacaciones", porque este año, entre unas cosas y otras, ni vacaciones ni na'. 

Haciendo unos cálculos rápidos, de veinticuatro horas que tiene el día, en los próximos cuatro meses y medio me van a faltar unas diez por día, grosso modo (sí, grosso modo, no "a grosso modo", que un amigo me reprendió por utilizarlo mal). Restando unas seis horas para dormir, con todo el dolor de mi corazón, porque soy una marmota y me gusta una cama más que a un tonto un lápiz, eso deja dieciocho horas para el desarrollo de la jornada, de las cuales once y media tengo que pasar en clase a diario, a esto hay que sumarle las prácticas cuando me asignen un turno, lo que hace un total de catorce horas y media de clase al día. Así que me quedan tres horas y media para el desayuno, el almuerzo, la cena, los desplazamientos y la higiene personal... Creo que ha llegado la hora de probar esa teoría de algunos famosos que afirman que lavarse una vez al mes mejora la piel y el pelo, tendré que aprovechar los días de fiesta...



sábado, 22 de septiembre de 2012

Hogar, dulce hogar

Pintar la fachada. Sólo necesitaba un lavado de cara, una manita de pintura y como nueva...un mojón (y perdón por la expresión). Me he comprado una casa. Sí, aprovechando el tema este de la crisis y la bajada de precios, me he hecho con una casita adosada del año 78, pensando que era de 1978, pero creo que se acerca más bien al siglo XIX... 

La fachada me causó un poco de recelo, mi instinto me decía que había algo que no terminaría de gustarme, pero decidí darle una oportunidad y entrar a verla por dentro, porque siempre se ha dicho que la belleza está en el interior... y así fue. Encontré la casa de mis sueños: cuatro dormitorios enormes, el salón contiguo a la cocina, chimenea, sótano diáfano del tamaño de la planta, un baño gigantesco, cocina comunicada con un patio cubierto, azotea, patio descubierto en la planta superior... Así que me tiré de cabeza, no dejaría que nadie me la arrebatara. 

La misma tarde que me entregaron las llaves fui a verla de nuevo sin los muebles de los antiguos dueños. Estaba ansiosa por descubrir nuevos rincones, cosas que se me habían pasado por alto en la visita con el amable señor de la inmobiliaria... y vaya si los descubrí. Lo primero que hice fue intentar guardar el coche en la cochera...MEEEEEC error, mi coche no cabe. ¡¡Un ford fiesta minúsculo y no puedo echar la persiana cuando está dentro!! Bueno, no hay mal que por bien no venga, siempre he querido un smart biplaza... Así que en lugar de entrar por la cochera, inauguré el acceso a mi nueva casa por la puerta principal, como la ocasión se merecía. Recorrí el pasillo entre nerviosa e ilusionada, hasta que me topé con ellos: los plintos más feos que he visto en toda mi vida, no porque los plintos fueran feos en sí mismos, sino por el color de suelo con el que intentaban hacer juego, no se puede tener un suelo de mármol verde con unos rodapiés de color marrón caca... Mi sueño se estaba cayendo a pedazos...literalmente porque al asomarme a la cocina, vi algo en el suelo, algo que no estaba ahí la vez anterior, eran azulejos rotos... Sí, mi cocina se estaba viniendo abajo, pero si no era suficiente con eso, el suelo estaba levantado y roto por las esquinas... Hay más... Por si fuera poco, el baño de arriba tenía los azulejos pintados para tapar las grietas y roturas que tenían, la bañera estaba partida y el inodoro campaba a sus anchas por el suelo como una lavadora en pleno centrifugado. Lo del sótano ya fue el remate...las paredes son de albero, lo que quiere decir que la humedad está garantizada, así que toca echar paredes nuevas con una buena capa de aislante...

No parece demasiado arreglo, ¿verdad?. Paciencia. El día que mis padres fueron a conocer la casa, a mi querido padre, se le ocurrió la idea de desmontar un enchufe... nos desveló la aterradora realidad de la instalación eléctrica: triplan por toda la casa. Las esperanzas de tener unas pocas habitaciones libres de ser agujereadas, taladradas, perforadas o pintadas...al garete. Estaba a punto de echarme a llorar, cuando mi madre casi se cae al tropezar con una toma de agua de la cocina... y lloré cuando su traspiés desencadenó tal efecto mariposa que tiró toda la pared de azulejos y reveló que las tuberías de la casa eran de hierro...

Dos años después, y debido a los "poyaque", tengo un agujero en la pared que comunica el salón con la cocina la cual no tiene azulejos ni suelo, un proyecto de aseo en la planta baja, tres huecos de ventana nuevos tapados con un plástico, el baño de arriba totalmente en bruto y un montón de regolas mal tapadas para las tuberías del agua... Ayer vino el electricista y me marcó todas las paredes que tengo que abrir para meter el cableado, y digo "todas las paredes" porque no ha dejado que se salve ni una... En fin, voy a comprar pintura para darle un lavado de cara a la fachada, que dicen los vecinos que es una pena porque afea mucho la casa...


jueves, 20 de septiembre de 2012

Un jueves cualquiera

Hoy es jueves y como todos los jueves, hoy es día de mercadillo. La localidad está más activa que el resto de mañanas. Las madres se emperifollan más y se dan más prisa para dejar a los niños en el colegio, desayunar con las amigas y echar la mañana en la plaza, familias con los ojos aún pegados conducen sus furgonetas cargadas con productos varios y giran en la rotonda para dirigirse a la feria, los establecimientos cercanos ponen sus mejores ofertas para llamar la atención de nuevos clientes...

Y es que nada más pisar este rinconcito, se pueden palpar las diferencias en el ambiente, las calles de la feria desiertas los días restantes hoy están abarrotadas de todo tipo de personajes, personajes que van desde el grupo de adolescentes que aprovecha el recreo para darse una vuelta y comprar pintauñas de los colores más chillones que encuentren, hasta mujeres de treinta y pico ataviadas con sus modelitos más fashion y sus gafas de sol de pantalla que sólo dejan al descubierto unos labios pintados de rojo pasión, pasando por parejas de viejecitos tirando de sus desvencijados carritos de la compra que sólo contienen una lechuga y un kilo escaso de naranjas. También están las típicas madres chonis que se paran a hablar con la vecina en el sitio en que se encuentren con sus carros de bebé atravesados en el paso y el pobre crío, entretanto, restregándose los ojitos llorosos por la luz del sol, la señora con el yorkshire de imitación que, con correa y todo, se dedica a hacer zigzag entre mis pies y me hace tropezar o el joven de aspecto raro con el gran danés suelto que se acerca abriéndose paso entre la multitud para chuparme o montar un ménage à trois con mi pierna....Y empiezo a ojear los puestos, y me llegan las voces de los vendedores ambulantes: "¡¡A lebro, niña!! ¡¡Todo a un lebro!!", "¡¡María!!, mira que wenos malacatone traigo hoy", "¡¡Rubia!!, anda, cómprame un perfume de los wenos, de marca, ante' de que venga la pulisía","Agua fresquita, la coca-cola, la coca-cola, la coca-cola, refresco de limón", "¡¡Venga, morena!! ¡¡¡Breska y Zara un euro!!! ¡¡A euro!!"... y compro dos kilos de ajos por un euro a la gitana tan resalá de la carretilla, y el perfume Burberry por cinco euros al que está al lado de la fuente, y el disco de "Lagarto amarillo" por dos euros al negrito tan simpático que todos los días me saluda con su mejor sonrisa, y un par de sandalias por tres euros a la gitana que fue al "Diario de Patricia" (que ya no es de Patricia), buscando a su padre, y llego a casa cargada de bolsas, contenta por todo lo que traigo y lo poquito que he gastado, y estoy deseando escuchar mi nuevo disco, pero lo que debería sonar a "Lagarto amarillo" suena a "Camela", y me mosqueo, y me pongo a hacer la comida, echo mano de la bolsa de ajos y no encuentro ni un diente, sólo cabezas peladas y pellejos, y noto que empiezo a coger un color purpúreo, así que decido salir a comer a la calle, me cambio de ropa, me planto las sandalias y noto que en el pie izquierdo me faltan dos dedos de zapato, y de ese modo me doy cuenta de que he comprado un 39 y un 41, paso de mi nuevo calzado y me visto y cuando voy a salir de casa, recuerdo que no me he perfumado, así que, deseosa de probar mi nuevo perfume lo saco de la bolsa y me echo unas gotitas que huelen... ¿a qué huelen las nubes?, huele a "Blueberries"... Y es que al final lo barato sale caro, pero ya estoy deseando que llegue el próximo jueves para volver y comprarme una blusa muy mona que hoy no pude traerme porque no llevaba dinero...




lunes, 17 de septiembre de 2012

Cierra el pico

Hoy ha sido ella, la última persona en el mundo que pensé que podría hacerme esto. Hoy ha sido mi madre. Me encontraba a tan sólo sesenta páginas de conocer el final de "Los pilares de la tierra" y me lo ha descuajeringado entero, después de haber leído pacientemente las novecientas setenta y tres páginas anteriores... Y es que siempre hay alguien a quien le encanta dar noticias, a quien le gusta destripar la intriga, a quien le fascina contar primero el final y luego la historia. 

Mi abuela, por ejemplo, es de esas personas que primero te dan el susto y luego la explicación. La otra tarde la llamé por teléfono y nada más descolgar, me dice: "¡¡Uy niña!! menos mal que has llamado, porque hay aquí uno que no hace más que darme voces y yo ya no sé qué hacer, lo primero que he hecho ha sido intentar llamarte, pero estoy tan nerviosa que no me acordaba de tu número y no sabes el mal rato que me está haciendo pasar este sinvergüenza". Al principio me asusté, pero yo, que ya conozco a mi pobre abuela, le pregunté que quién era el sinvergüenza que le estaba dando voces y me contestó que "el mariquita ese que ahora tiene barba y que está más gordo, el que sale con la ordinaria que estuvo con el Jesulín"... Otro familiar que encaja perfectamente con este perfil, es mi tía cuya especialidad son las conversaciones del tipo: "Cucha, ¿tú sabes quién se ha muerto? La mujer esta que estaba mu' malita, esa que la hija trabajaba en la pescadería, que vivía por el hospital. Pues resulta que vivía sola y los hijos no echaban cuentas de ella pa' ná', con lo que esa mujer ha hecho por los nietos... ¡¡Niña!!, ¿estás tonta o qué? ¡¡la que el marido tenía la zapatería en la esquina de la farmacia!!"...el final de esa conversación es no enterarme de quién se ha muerto, porque no conocía a la pobre mujer, pero sí ponerme al tanto de su vida y de la de su familia entera. Por otro lado se encuentra mi vecina de al lado, una mujer de cincuenta y pico años enganchada a los concursos de televisión, cada vez que el bote de "Pasapalabra" empieza a tener una cantidad de ceros importante, no puede pasar un día que no lo vea en directo, y es que la entrega de esta buena mujer llega hasta tal punto que en cuanto se llevan el premio me llama por teléfono o se presenta en mi puerta con una bandeja de galletas recién hechas para contármelo todo...y es que así no se puede vivir, todavía estoy esperando que llegue la final de una edición de "Se llama copla" y sorprenderme al escuchar el nombre del ganador. Para completar el círculo de estas personas tan ansiosas está mi padre, yo no sé si lo hace a posta o no, pero la vida me ha enseñado a no ver con él ninguna película ni serie. No sé cómo se las apaña, que cada vez que estoy viendo algo en el ordenador se acerca, le echa un ojo y me dice: "Esta película es esa en la que al final el asesino es el que está ahí tirado todo el tiempo, ¿no?" ...Y en esos momentos es cuando a mí me entra la vena asesina, apago el ordenador, los reúno a todos y les digo: "Vais a ser abuelos"...lo de "algún día..." me lo callo para que sepan que hay que decir las cosas en orden...



**Sé que la utilización de algunas expresiones no es la adecuada, pero si las hubiera puesto de manera correcta, habría perdido la gracia

domingo, 9 de septiembre de 2012

Un otoño más

Ya está aquí. Es algo que iba a llegar irremediablemente y por mucho que nos hagamos a la idea, su aparición siempre nos da una bofetada que nos hace ser conscientes de que se acabó lo bueno. Los días son más cortos, amanece más tarde y anochece más temprano, los niños juegan en la calle aprovechando hasta el último minuto, como si no fuera a existir un mañana, la vuelta al cole nos hace irnos pronto a la cama porque los peques tienen que madrugar y con ellos, nosotros mismos, vuelven las series de televisión que interrumpieron su emisión en julio, en la radio se oyen de nuevo las voces de los periodistas que nos acompañan en los crudos meses de invierno, se acabaron los escotes, la ropa corta y el ir cómodo con ropa de calle pasó a la historia hasta que vuelva mayo, ahora toca ponerse catorce capas de algodón, lana y acrílicos, combinados con bufanda, gorro y botas de agua, pero eso no es lo peor...

Los coleccionables, los dichosos coleccionables que abarrotan los quioscos, todos los años cae alguno... Ya tengo mi casita de muñecas victoriana, el curso IBM de informática junior, el coleccionable del cuerpo humano, el kit de accesorios de cocina de Tarta de Fresa y de Hello Kitty, la colección de libros de "Cuentos de Calleja", un barreño tamaño industrial lleno de ovillos de lana, hilo y agujas de crochet del coleccionable "Mil ideas de ganchillo" y las miniaturas de las locomotoras de la historia. Ahora que ya sé cómo somos por dentro, que tengo un hogar para mis muñecas, que conozco todos los secretos de Win95, que puedo hacer bizcochos y galletas con forma de dibujo animado, que tengo lectura ligera para el desayuno, que dispongo de material para hacer los patucos de las próximas diez generaciones y que el mueble de la entrada tiene suficientes figuritas de adorno, sólo me queda encontrar el número mil trescientos cincuenta y cuatro del coleccionable "Construye tu coche paso a paso", que casualmente es el que trae la llave...


sábado, 8 de septiembre de 2012

Septiembre...

Doscientos cincuenta y dos metros cuadrados, una piscina, una nevera llena, dos cajetillas de tabaco, el ordenador y un congelador repleto de comida precocinada. Todo eso será para mí sola durante los próximos siete días. Mis padres se han ido de vacaciones y yo, como una estudiante responsable que soy, hago el gran sacrificio de quedarme en casa hincando codos para los exámenes de septiembre, sin salir, sin ver la playa y sin levantar la vista de los apuntes, sólo lo imprescindible...

Claro que el concepto de imprescindible...es relativo. Para mí, lo imprescindible es un desayuno de una hora, leyendo cualquier libro, mientras me tomo algunas cucharaditas de cacao en polvo, fumarme un cigarro sea cuál sea la hora, fregar cuando me apetezca, aunque sea de noche, poner la música a todo volumen y bailar reggaeton con la fregona, pasearme en ropa interior por casa y tener que salir corriendo a vestirme cuando llaman a la puerta, almorzar cereales, merendar un helado, cenar una lasaña o sustituir cualquiera de las comidas del día por un paquete de patatas fritas, salir por la noche con un amigo con el que tengo pendientes un par de cosas, abrir el mueble bar y encontrarme una botella de vodka caramelo que me dice de forma muy sugerente "tómame", acostarme a las tantas mientras veo una película de miedo, ducharme con la puerta abierta de par en par, navegar por internet durante horas sin darme cuenta del tiempo que ha pasado, ir al mercadillo a comprar cualquier tontería, bañarme desnuda en la piscina de noche mientras esquivo murciélagos despistados con una cervecita fría al lado y, por supuesto, hincar codos. Uff, la verdad es que lo pienso y son muchas cosas, no sé si me dará tiempo a hacerlas todas en un sólo día, quizá debería dejar lo de estudiar para mañana...



jueves, 6 de septiembre de 2012

Adicción

Lo he hecho, ya no aguantaba más, he escondido el cargador de la nintendo DS. La moda de los juegos para entrenar el cerebro ha llegado tarde a mi casa, pero no por eso con menor intensidad. Las aventuras del profesor Layton junto con las numerosas versiones de brain trainers, han colapsado el cartucho compatible de la consola, tanto es así, que mi padre me ha insinuado de forma muy poco sutil que borre el juego de pokémon diamante, y por ahí no paso. 

Recuerdo el día que la consola apareció por casa, las palabras de mi madre fueron: "Ya tienes un juguetito nuevo, ¿no? Lo único que te hacía falta", a lo que mi padre añadió: "Yo no sé qué es lo que le veis a estas tonterías, verás que pronto la tienes por ahí olvidada, dinero tirado...". Pues no, al final el juguetito está bien amortizado: entre semana, mi madre lo tiene por la mañana, de diez a dos, y mi padre por la tarde, de cuatro a ocho, los fines de semana, custodia compartida y el resto del tiempo está cargando. Por si fuera poco, mientras estamos comiendo, mi madre empieza a pinchar a mi padre diciéndole que su edad mental es de veintisiete años, a lo que él le responde que la suya es de veintidós, yo me limito a mirar mi plato y sonreír mientras pienso que sus edades mentales no pasan de los diez años. Ya, para rematar, mi padre se pone a perseguirme por todos los rincones de la casa (sí, en el baño también) para que le ayude a resolver el puzzle de "La fecha incorrecta", se ve que al hombre se le ha atragantado y como mi madre lo resolvió hace una semana, su orgullo se encuentra bastante diezmado.

Si llego a saber que la dichosa consola iba a poner mi casa entera bocabajo, se habría quedado en la estantería del carrefour. Ahora no sólo me toca hacer la comida a mí, sino que además tengo que hacer la compra, limpiar y regar las macetas, lo de estudiar lo dejo a un lado porque mis nuevos quehaceres y las interrupciones constantes de mi padre con consultas sobre los puzzles, lo hacen imposible. Sólo espero que nunca lleguen a enterarse de que pueden jugar con la consola mientras está en carga...

Para terminar te dejo esta frase de Ralph Nader:
"La adicción nunca debería ser tratada como un delito. Debe ser abordada como un problema de salud".


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Noche toledana

Serían alrededor de las diez de la noche, estaba muy nerviosa, se apreciaba en su ir y venir continuo, ambos no paraban quietos. Ella corría de un lado para otro colocando todo lo que se cruzaba en su camino y limpiando todos los restos de comida que encontraba. Él la seguía torpemente, caminaba tras ella con paso algo más lento, pero cada vez que ella cambiaba de dirección se topaban, se miraban a la cara unos segundos, se hacían un par de caricias, un beso tierno y continuaban con el mismo trasiego.

A medida que iban pasando las horas se hacía más difícil verlos quietos. Ordenaban lo que ya estaba ordenado, limpiaban lo que ya estaba impoluto, picaban algo, bebían un poco de agua y seguían con sus quehaceres. Yo veía todo lo que estaba pasando desde fuera y no entendía nada, no se dieron cuenta de que los observaba, estaba preocupada, nunca los había visto así. De pronto ella se metió en su cuarto, se quedó allí dentro, dejó de correr de un lado para otro y de mover todo lo que estaba a su alcance, dejaron de escucharse ruidos y golpes. Él esperó pacientemente fuera, ansioso porque ella volviera a salir...pero ella no salía, él se asomaba, pero no conseguía ver nada, estaba preocupado, a cada paso que daba se giraba para comprobar si ella seguía encerrada o no, pero no daba señales de vida. Fue entonces cuando él me vio, quiero creer que se sintió más tranquilo por no pasar la espera solo, pero me extraña que estuviera pensando eso en aquellos momentos. Le tendí mi mano, él se acercó y se tranquilizó un poco, dejó de ir de un lado para otro. 

Cuando pasaron quince minutos del encierro de ella empezamos a oír unos ruidos extraños, como algo que se arrastra de forma irregular. Por fin se decidió a salir del cuarto, fue entonces cuando me di cuenta de lo que les había estado ocurriendo toda la noche, me asomé con cuidado de no asustarlos y allí estaban... Lana y Rovi acababan de ser padres de cinco pequeños, lo que me convierte a mí en... ¿abuela?. Más vale que me haga a la idea, porque esta familia tiene pinta de volver a aumentar en breve...


sábado, 1 de septiembre de 2012

Pa' fuera telarañas

Hoy llegué a la cochera para encerrar mi coche (para qué sino iba a ir a la cochera), cuando el vecino de la plaza de al lado salía a pie. Seguí mi ritual consistente en cuatrocientas maniobras porque el buen hombre lo deja siempre muy pegado a mi plaza, una vez que quedé contenta con el resultado de mi estacionamiento apagué el motor, quité las luces y me cambié al asiento del copiloto para poder salir del vehículo. Entre tanto, veo que mi querido vecino volvió a entrar y me hizo un gesto que no entendí, abrió la puerta trasera de su coche y sacó una sandía. En ese momento me paré a pensar la cantidad de cosas inservibles que almacenamos en el coche, me picó la curiosidad y empecé a bichear en el mío...¿Por qué lo haría?

Empecé por la guantera, lo primero que encontré fue una bolsa de chucherías abierta que caducó en 2005, la verdad es que ni su día estuvieron buenas, también salió una bolsa de toallitas húmedas, bueno, de húmedas tenían bien poco ya, y para acabar con la guantera, la caja vacía de un CD de Estopa. A continuación me puse a mirar en el espacio que hay delante de la palanca de cambios, no sabía yo que en un sitio tan pequeño podían caber tantas cosas: un llavero del desfile de reyes del año 2006, un vaso de plástico de chupito de la última anisada de la escuela, un tornillo (no sé si será mío o no), un paquete de chicles, un euro (de algo ha servido toda esta pesquisa), otro tornillo y un montón de tickets para lavar el coche en la máquina de la gasolinera (que por cierto lleva cerrada desde abril). Le llegó el turno al hueco que hay en la puerta del piloto y, por supuesto, no iba a ser menos, en él encontré una pulsera de goma de Amsterdam (yo nunca he estado en Amsterdam), el libro de instrucciones de la plancha del pelo (con lo que mi madre lo ha estado buscando...), un paquete de pañuelos y un bote de desodorante. Por último, y lo más temido, me puse con el maletero, nada más abrirlo me topé con las botas de tacón moradas de invierno que tanto estuve buscando por casa (no recuerdo haber llegado descalza), un par de rollos de papel higiénico de tamaño industrial, un tocho de apuntes más grande que el libro gordo de Petete, una bolsa para guardar CD's (ahí estaba el CD de Estopa), un jersey a medio deshacer con un ovillo de lana colgando (esto me habría venido bien para entretenerme en los atascos), papel de regalo con el logotipo de Galerías Preciados (¿qué será eso?), el ratón de un ordenador (no sé de quién), dos cajetillas de tabaco vacías, una botella de licor 43 casi gastada (no iba a tener tanta suerte..) y una jaula de hamster (no me lo explico).

Lo que más me desconcierta es que no tengo ni idea de dónde han ido a parar mis triángulos, mi kit de emergencia y los papeles del coche, sólo espero que ningún policía esté leyendo esto...


lunes, 27 de agosto de 2012

Crisis

Hoy es uno de esos días en que se tuerce todo. En el mismo momento en que me ha sonado el despertador le he dado un manotazo para callarlo, quería seguir durmiendo, como otras muchas mañanas. Me he levantado de la cama con un dolor de espalda de esos que te dejan sin poder moverte durante un buen rato y al ponerme las chanclas, una se me ha roto y he dado un tropezón, aunque por suerte no he llegado a caerme. Siguiendo mi rutina he entrado en el baño a lavarme la cara, las manos y cepillarme el pelo para recogérmelo, me he puesto frente al espejo... y ahí estaba, tiesa, mirándome, regodeándose, riéndose de mí... ¡¡UNA CANA!! No sabía qué hacer, no estaba preparada para esto... la sujeté entre los dedos índice y pulgar y di un pequeño tirón...no salió, volví a intentarlo pero esta vez con más fuerza...esta vez sí conseguí soltarla...entonces caí en la cuenta, recordé ese dicho popular que no tiene base científica y que seguro que está rozando la leyenda urbana, pero por si acaso no te arriesgas, no cometes esa locura, no te arrancas una cana porque salen siete.

Así que ahora me toca madurar de repente, yo que era una niña ilusa, infantil y despreocupada...Ahora tendré que pensar en sentar la cabeza y en buscar un buen tinte. Pero en fin, así es la vida con sus regalos sorpresa, que llegan sin avisar y sin ningún motivo especial.


viernes, 24 de agosto de 2012

Bajo la almohada

Qué susto me llevé. Me desperté esta noche, serían las cuatro de la madrugada o así, no lo vi bien porque tenía los ojos pegados y es que a esa hora debía estar durmiendo. Estaba tumbada boca arriba, estirada, por si así conseguía captar un poco de fresco en la noche, cosa de la que no había ningún rastro. Debido a las altas temperaturas, decidí cambiar la postura de descanso de mi cuerpo y me giré hacia la derecha. Siguiendo mi costumbre, metí la mano derecha debajo de la almohada y encontré algo, algo grande, duro, pero de tacto suave. Era algo ancho, de gran superficie pero poco grosor y además, tenía algo parecido a unos rollitos por todo su alrededor.

Al fin caí en la cuenta...era una mano, sí, una mano. El sueño y el calor se me pasaron en ese mismo momento. Me levanté de la cama de un salto. Grité, grité mucho. El corazón se me iba a salir por la boca... Estando de pie empecé a pensar, sí, a pensar, aunque en ese momento me costó mucho, pero me tranquilicé por fin. Retiré la almohada...No había nada. Fue entonces cuando me percaté de que no sentía la mano izquierda. ¡La tenía dormida!. Por fin mi cerebro empezó a unir las piezas del puzzle.

Sí, ya lo sé...si no estuviera tan cuajada no me habría pasado eso, pero es lo que tiene estar medio dormida, todo parece posible. ¿Cómo iba a saber yo que la mano que había debajo de la almohada era mi mano izquierda? ¿Cómo iba a saber yo que mi mano izquierda estaba tan dormida que no la sentía ni al pellizcarla?

Desde entonces duermo sin almohada. Lo próximo que tengo que mirar es la tarántula de cincuenta centímetros que se esconde en el altillo que hay encima de mi cama. Pero eso será otro día.

Albert Einstein dijo muy acertadamente: "Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y no estoy totalmente seguro de lo primero".