Vieja... Con treinta años, así me siento. Con el alma, las ilusiones y las esperanzas arrugadas, rasgadas, rotas y hechas añicos.
Vieja y cansada, de tener que luchar contra este sentimiento desde el momento en que abro los ojos cada mañana. Me he propuesto sacar las uñas, pelear, luchar, vivir y dejar de sobrevivir, pero así es muy difícil... realmente difícil. Volver a encontrar algo que haga que funcione cada día, a pesar de tener a una persona a mi lado, a una persona a la que quiero con toda mi alma, a la que más he querido y de la que más enamorada he estado... y sigo estando, aunque las cosas estén más torcidas que nunca. Necesito volver a tener alguna ilusión, como individuo y como parte de una pareja, necesito tener algo que me despierte una sonrisa al pensar en ello, algo que me motive a luchar y a volver a sentirme viva, feliz, loca... esa persona que era hasta hace un par de años... algo que haga que me olvide de todo el dolor que llevo sobre mi espalda, y que la gente, ajena a mi sufrimiento (o eso espero), no hace más que recordarme...
Ojalá supiera cómo arrancar ese motor que me hiciera pelear por mis ilusiones, ojalá encontrara esas ilusiones y esos sueños que me llevaran a arrancar ese motor...
Un lugar para los que tienen ilusiones y sueños, para los que nunca dejarán que crezca su niño interior, para aquellos a los que alguna vez les dijeron que tenían pajaritos en la cabeza, para los que confían en la humanidad, para los que no se rinden, para los que sienten todo, para los que no se conforman con sólo pensar... un lugar para ti.
miércoles, 1 de marzo de 2017
lunes, 19 de diciembre de 2016
Simplemente miedo
Miedo... ese es el sentimiento que últimamente me acompaña las veinticuatro horas del día. Tengo miedo de dejar de ser yo, de no poder volver a sentir algo que no sea dolor, tengo miedo de que la soledad acabe siendo la única que me lleve de la mano el resto de mi vida, de no ser capaz de volver a reaccionar y perderlo todo definitivamente... tengo miedo de hundirme tanto que salir a flote me resulte imposible, miedo de que mi alma se pudra por intentar tapar tanto sufrimiento, miedo de no volver a reír a carcajadas, de que se apague del todo el brillo de mi mirada, de no poder sonreír... tengo miedo de los niños del parque, de las embarazadas que pasean y compran ropita de la talla cero, de los anuncios de juguetes, de las felicitaciones de navidad, de las noticias que para todos son buenas menos para mí...
Tengo miedo del agujero que hay en mi corazón, que no para de sangrar y de hacerme daño, que no me deja salir de esta espiral de autocompasión y desesperación, que me agota y me mata lentamente, tengo miedo porque nadie puede entenderme, porque nadie sabe nada, y porque no puedo caminar de una mano amiga, de una mano que sepa comprender el dolor que siento por esta incertidumbre, por esta impotencia, por esta ausencia, por esta desilusión que me acompaña cada día y que no puedo dejar atrás.
Tengo miedo de perderme y de no poder volver a encontrarme y ni siquiera sé si ya es demasiado tarde...
Tengo miedo del agujero que hay en mi corazón, que no para de sangrar y de hacerme daño, que no me deja salir de esta espiral de autocompasión y desesperación, que me agota y me mata lentamente, tengo miedo porque nadie puede entenderme, porque nadie sabe nada, y porque no puedo caminar de una mano amiga, de una mano que sepa comprender el dolor que siento por esta incertidumbre, por esta impotencia, por esta ausencia, por esta desilusión que me acompaña cada día y que no puedo dejar atrás.
Tengo miedo de perderme y de no poder volver a encontrarme y ni siquiera sé si ya es demasiado tarde...
martes, 19 de abril de 2016
Qué pena
Qué pena...
Qué pena de tener vida cuando lo único que se quiere es no despertar.
Qué pena de despertar cada mañana a su lado y no poder disfrutarlo.
Qué pena de no disfrutarlo cuando, en otra época, ese fue mi mayor sufrimiento.
Qué pena de no ser capaz de quedarme sin respiración como me ocurría antes.
Qué pena de estar en este agujero y no poder salir, como otras veces lo hice.
Qué pena de estar tan enterrada en vida, que ni fuerzas tengo para interactuar con nadie .
Qué pena de ser tan cobarde y tener tanto miedo a quitarme la vida... por si duele, qué ironía.
Qué pena sentir esta pena que me alimenta, y que lo único que hace es apagarme más.
Qué pena sentirme tan sola, porque nadie entiende mi dolor, porque le quitan importancia, porque se cansan de él, porque soy la única a la que le duele esto...
Qué pena me da dormir, porque ni siquiera en sueños me libro de mi dolor.
Qué pena me doy de mí misma, porque no me reconozco, porque era luchadora, porque era tenaz y valiente, porque me importaban las personas... pero ahora ya no me importa nada ni nadie, este dolor que llevo por dentro me consume y cada vez estoy más vacía.
Sólo quiero que pare...
Sólo quiero descansar...
Sólo quiero morirme...
sábado, 2 de abril de 2016
El mayor ejemplo
Cuando nos dieron la noticia, ninguna de las dos reaccionó, no sé si porque no éramos capaces o porque no sabíamos cómo, simplemente nos quedamos calladas, en aquella estéril consulta, donde el silencio sólo se vio roto por el diagnóstico de aquella doctora: "Buenos días, no tengo buenas noticias, tienes un cáncer de mama". Después de escuchar esas palabras, perdí la noción de la realidad, no entendía cómo se podía decir algo así de aquella manera, sin atisbo de empatía o sentimiento alguno.
Pasaron los minutos sin darme cuenta. Cuando fui consciente de donde estaba, me encontraba en el coche de mi padre camino de casa, sin poder articular palabra y sin ser capaz de mirar a la cara a ninguno de los dos. Sólo podía pensar en lo que venía, me imaginaba a mi madre con el pañuelo en la cabeza, débil, vomitando por los efectos secundarios de la quimio.
Llegamos a casa y no quise almorzar, lo único que quería era salir de allí para llorar, para gritar, para romper algo, me preguntaba que por qué a ella, por qué le tocaba a mi madre aquel trago, por qué aquella lotería maldita cayó en ella, en la criatura más dulce que había conocido en mi vida...
Pero ella estaba como si tal cosa, como si le hubieran dicho que tenía que quitarse las amígdalas, nunca se preguntó por qué ella, nunca se autocompadeció, nunca derramó una sola lágrima, nunca dijo que tenía miedo... mientras los que estábamos a su alrededor lo estábamos pasando peor que mal. Tuvo la fuerza que nos faltó a todos, fue el pilar que nos mantuvo en pie y le quitó importancia a la palabra "cáncer".
Mi madre es una heroína, no sólo por haber conseguido la meta de vencer al cáncer, sino por lo que fue dejando por el camino.
Pasaron los minutos sin darme cuenta. Cuando fui consciente de donde estaba, me encontraba en el coche de mi padre camino de casa, sin poder articular palabra y sin ser capaz de mirar a la cara a ninguno de los dos. Sólo podía pensar en lo que venía, me imaginaba a mi madre con el pañuelo en la cabeza, débil, vomitando por los efectos secundarios de la quimio.
Llegamos a casa y no quise almorzar, lo único que quería era salir de allí para llorar, para gritar, para romper algo, me preguntaba que por qué a ella, por qué le tocaba a mi madre aquel trago, por qué aquella lotería maldita cayó en ella, en la criatura más dulce que había conocido en mi vida...
Pero ella estaba como si tal cosa, como si le hubieran dicho que tenía que quitarse las amígdalas, nunca se preguntó por qué ella, nunca se autocompadeció, nunca derramó una sola lágrima, nunca dijo que tenía miedo... mientras los que estábamos a su alrededor lo estábamos pasando peor que mal. Tuvo la fuerza que nos faltó a todos, fue el pilar que nos mantuvo en pie y le quitó importancia a la palabra "cáncer".
Mi madre es una heroína, no sólo por haber conseguido la meta de vencer al cáncer, sino por lo que fue dejando por el camino.
domingo, 3 de enero de 2016
Ese algo...
Siempre me he sentido incompleta. Siempre ha faltado algo en mi vida, algo cuya ausencia no sólo me hace daño, sino que no me permite ser feliz, algo que nunca me abandona, que permanece en mí cada segundo del día. Un dolor que se acrecienta con cosas tan sencillas como una simple frase, una inocente fotografía, un gesto de cariño, un comentario sin importancia... algo que para cualquier persona no tendría mayor trascendencia, para mí es una puñalada en el corazón. El tiempo pasa y cuando parece que ese vacío va a llenarse por fin, acaba estando aún más lejos. Lo peor, es que ese algo que falta en mi vida, en realidad es ese alguien...
miércoles, 21 de octubre de 2015
Un lazo naranja
Hoy es un día como otro cualquiera... Un miércoles cualquiera de un mes cualquiera... Hoy hace siete meses que nos vimos por última vez, que me diste mi regalo de cumpleaños porque "te ibas a Madrid", siete meses que te fumaste aquel cigarrillo con ojos vidriosos y terror en tu mirada mientras intentabas disimular. Siete meses que tus lágrimas se derramaron por miedo al día siguiente. Siete meses que me diste un abrazo al dejarte en la puerta de tu casa.
Tengo grabados en la mente tu sonrisa, tu acento gatuno, la forma en que te escandalizabas con algún comentario, tu pelo corto y rizado, ese que te sentaba tan bien y al que tú llamabas "pelopolla", el montaíto de pringá enfoscado...
Fui una idiota por no haber sabido reconfortarte, por no haberte abrazado más, fui una idiota por no disfrutar más de ti, por tener miedo de expresar mis sentimientos, porque es algo a lo que no estoy acostumbrada.
Seguramente, fui la última amistad que llegó a tu vida, sólo dos años y medio. Recuerdo cuando nos llamaste al día siguiente y con la voz quebrada, nos dijiste que se habían confirmado tus peores temores. Recuerdo que no podía hablar, que sólo quería verte para que te desahogaras, pero en lugar de eso, sólo pude decirte que tú podías con esto, que era una putada, pero que podías hacerlo, que nos tenías para lo que hiciera falta, para lo que necesitaras.
Hace cinco meses y medio que nos dijeron que estabas perdiendo la batalla, que esta maldita enfermedad estaba pudiendo contigo, cinco meses y medio que te fuiste sin despedirte, y no soy capaz de afrontar que lo único que me queda de ti son los recuerdos. Hoy me he dado cuenta de que ya no podemos recogerte como hacíamos cada miércoles, que el viaje que en mi cabeza estás realizando, durará toda nuestra vida, que allá donde estás no hay cobertura ni internet, Pero cada día que pasa estás conmigo, cada vez que cojo una brocha o un cincel recuerdo las quejas que te daba y cómo me conformabas quitándole hierro al asunto. Nunca te irás, y que sepas que esto es sólo un "Hasta la próxima en el Bareto, con doble de aceitunas y una copita de Señorío de Heliche". Va por ti, amiga.
domingo, 22 de febrero de 2015
Enterrado
Es curioso cómo a veces, lo que creíamos enterrado, realmente no lo está. Son esas veces en que pensamos que nuestros sentimientos son inmunes a los estímulos contra los que tanto habíamos entrenado. Esas veces en que, con tanto esfuerzo, creímos reducir la intensidad de las punzadas que experimentábamos ante un nombre o una palabra. Esas veces en que las descargas eléctricas que sacudían nuestro cuerpo eran tan tenues, que parecían historia...
Pero cuando pensamos que algo está enterrado, corremos el grave peligro de darnos cuenta de que no es así, porque al cerrar los ojos un único instante, el cosquilleo de un roce fantasma, el susurro de una palabra escondida en el viento o el espejismo de creer reconocer una figura entre la multitud, nos transportan al pasado y hacen las veces de excavadora, dejando al descubierto y, de forma caótica, todo lo que se hallaba oculto... Lo que debemos preguntarnos es si queremos mantener ese algo en la superficie, o volver a intentar esconderlo bajo tierra.
Pero cuando pensamos que algo está enterrado, corremos el grave peligro de darnos cuenta de que no es así, porque al cerrar los ojos un único instante, el cosquilleo de un roce fantasma, el susurro de una palabra escondida en el viento o el espejismo de creer reconocer una figura entre la multitud, nos transportan al pasado y hacen las veces de excavadora, dejando al descubierto y, de forma caótica, todo lo que se hallaba oculto... Lo que debemos preguntarnos es si queremos mantener ese algo en la superficie, o volver a intentar esconderlo bajo tierra.
martes, 29 de abril de 2014
Espejismo
El principio de una relación de pareja es un espejismo en el que cada momento ofrece la oportunidad de ver la vida de color de rosa... Levantarse y tener el primer pensamiento dedicado a esa persona, sonreír recordando cualquier instante o anécdota, poder pasar horas sin articular palabra, recostado con ella sintiendo simplemente el tacto de su piel o manteniendo la mirada, esa mirada especial que únicamente le pertenece a ella...
Pero un buen día, te das cuenta de que te encuentras rodeado de gente y ruido, y que de repente, sólo está ella, que vuelves a sonreír al verla llegar, que te pasas horas acariciando su piel y recorriendo su espalda con el índice como si el tiempo se congelara, o que te quedas embobado al mirarla, y que esa magia perdida sigue ahí... y que resulta que ese espejismo no es tan espejismo al fin y al cabo, y comprendes que las relaciones no pueden ser siempre como el primer día, pero que lo importante está ahí...
Sólo tienes que ser capaz de vislumbrarlo...
Rafael Hernán Pérez: "Sólo este momento nos pertenece. El pasado es un fantasma que se desvanece, y el futuro, un espejismo en el horizonte".
lunes, 8 de julio de 2013
Hasta siempre
Se acabó.
Como algunos ya sabéis, llevo tiempo pensando en cerrar el blog. Hasta ahora no lo había hecho por los poquitos que me seguís, a los que ni siquiera conozco en persona o ésos que ni siquiera me ponéis cara.
Como algunos ya sabéis, llevo tiempo pensando en cerrar el blog. Hasta ahora no lo había hecho por los poquitos que me seguís, a los que ni siquiera conozco en persona o ésos que ni siquiera me ponéis cara.
Creo que no puedo decir adiós sin dar una explicación, y es que este blog empezó en una etapa de mi vida en la que todo estaba bocabajo, todo era un completo caos y necesitaba desahogarme de algún modo, por eso, se me ocurrió escribir para contar a la gente cómo me sentía y, si era posible y alguien se encontraba en mi misma situación, hacerle ver que todos nos sentimos así de vez en cuando. Ahora mi vida ya no tiene nada que ver con la de hace un año, y no veo motivos para seguir con esto. Además, últimamente, en lugar de ayudarme, lo único que está consiguiendo es que me dé cuenta de que éste no es mi camino. Hay personas que sirven para esto y personas que no, y yo considero que soy del grupo de las segundas. Dejo muchas cosas en el tintero, pero se merecen ser bien contadas y yo no soy capaz de eso.
A todos los que me habéis hecho especial la estancia en este blog, GRACIAS, MUCHAS GRACIAS. Os digo adiós con lágrimas en los ojos y me llevo una parte de cada uno de vosotros conmigo.
Hasta siempre.
Julia Caracola.
Paulo Coelho: "El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día".
Whatspapá
Mi padre progresa adecuadamente con el WhatsApp. La comunicación por este medio se ha vuelto más que habitual, e incluso diría que ha llegado a ser la única vía por la que conversamos últimamente...
Que estamos sentados a la mesa y quiere que le pase la sal, piticlín que te crió; que se le acaba el papel higiénico, me manda una foto del rollo pelao; que un compañero le envía un chiste, copy-paste al canto; que tengo que llevarlo en coche, me manda su ubicación, no vaya a ser que no encuentre mi casa desde la cochera...
Ahora ha descubierto los grupos, y ha creado uno llamado "Familia", en el que sólo estamos él y yo, se ve que el hombre no tiene bastante con tener un chat abierto conmigo, aunque él se empeña en decir que es para cuando mi madre tenga WhatsApp añadirla, cosa que me resulta, cuando menos, coomplicada, porque mi madre no se lleva bien ni con los SMS...
La última novedad es que ha descubierto la existencia de un botón que cuando lo pulsa, aparecen muñequitos... y ya no recibo ni un sólo mensaje sin su correspondiente emoti: con el de la sal, me manda el de la flamenca con la bata roja, supongo que por aquello del salero; con el del chiste, el que se ríe a carcajadas hasta que se le saltan las lágrimas, aunque ni tenga gracia ni ná; el mensaje para recogerlo va acompañado del correspondiente dibujito del coche, y con el del papel higiénico creo que no tengo que decirlo (pista: es marrón y tiene ojos saltones).
Miedo me da cuando descubra que puede grabar vídeos... no quiero pensar en lo que me mandará en lugar de la foto del rollo pelao... o del escato-emoti...
viernes, 28 de junio de 2013
Historias de la Alameda
¡Por fin ha llegado el día! (no, el viernes no...bueno, que también): hoy Historias de la Alameda presenta oficialmente su libro, ese libro que muchos de sus seguidores, si no todos, estábamos deseosos de que viera la luz. No puedo imaginar cómo se siente hoy, si está nervioso o acelerado o si lleva la procesión por dentro...
Pero más que eso, quiero pensar en su expresión cuando tenga por primera vez en sus manos el resultado de más de un año de trabajo. Imagino una mirada llena de ilusión y satisfacción por lo que sabes que está bien hecho... y por lo que sabes que está por venir...
Porque sé que no le va a faltar gente en la ExtraVagante, porque sé que todos los que allí se encuentren, estarán rebosando orgullo y presumiendo de amigo, vecino, familiar o pareja, y porque también sé lo importante que va a ser para él ver a toda su gente reunida en su honor, disfrutando de ratos de agustismo botellín en mano, dejando de lado por un rato las obligaciones para dar paso a la vida golosa hasta las tantas, y finalmente, acabar guarníos... Pero lo mejor no serán esas horas, lo mejor serán los recuerdos que le quedarán a todos los presentes, y por supuesto a Quike, que seguro que acabará escribiendo uno de sus maravillosos estados para contarnos a los que no pudimos asistir, cómo se vivió el estreno.
Seguro que todo le va genial, no puede ser de otra forma...
jueves, 27 de junio de 2013
Tirar la toalla
Hay veces en que uno se levanta con la sensación de que ya no puede más, de que es hora de tirar la toalla y dejar de seguir intentándolo, de que ya no tiene sentido luchar por eso que creías querer... y digo creías, porque si abandonas es que no lo quieres realmente.
Ayer fue uno de esos días para mí. Ayer decidí muchas cosas que llevaban bastante tiempo rondándome la cabeza. Decidí dejar de luchar por eso que tanto me gustaba desde que era una niña pequeña: escribir. Decidí que no valía la pena seguir intentando hacerme un hueco entre tanto bloguero que hay en la red y cuyo número de seguidores y respuestas es mayor que el de éste. Decidí que ya no tenía ilusión por escribir ese libro que tengo pendiente desde los diez años, que ya estaba bien de publicar entradas en las que nunca tenía nada nuevo que decir, decidí que la etapa de bloguera/escritora para mí, se había terminado.
Y entonces me puse a pensar en cómo escribir la entrada para despedirme de todos vosotros... y en todo lo que iba a dejar atrás si abandonaba esto que un día se convirtió en mi mundo, en mi diario, en mi historia. Aquí se encuentran plasmados los mejores y peores momentos del último año de mi vida, aquí se encuentran mis lágrimas y mis carcajadas, mis sorpresas e ilusiones e incluso mis intimidades... Y llegué a la conclusión de que no vale la pena abandonar algo en lo que crees, que da igual si vales o no para ello, pero que si te gusta debes intentarlo, aunque encuentres mil piedras en el camino, aunque cueste apartarlas, aunque a veces no sepas de dónde sacar las fuerzas... porque si lo necesitas, es mejor tomarte un tiempo de descanso para recargar las pilas, y a fin de cuentas, no importa las veces que te caigas, sino las que seas capaz de levantarte.
Paul Ambroise Valéry: "Las obras no se acaban, se abandonan".
martes, 18 de junio de 2013
Límites
"Todo tiene un límite". Es una de las verdades universales y una de las mentiras más grandes que me he echado a la cara...¿Acaso tiene límites la tontería humana? ¿y la ilusión de un niño? ¿y la mierda que se puede acumular debajo del frigorífico?... Y los sentimientos...¿también tienen límite?
Yo pensaba que no podía sentir nada nuevo al mirarle a los ojos. Cuando me perdía en el brillo de su mirada se me ponían los vellos de punta y me olvidaba del resto del mundo, de mis problemas y mis preocupaciones, sólo acudían a mi cabeza los buenos momentos vividos, las ilusiones que quería hacer realidad con él, los sueños comunes y los que todavía ni le he confesado... me emocionaba tanto al ver lo que sus ojos me contaban sin hablar, que hasta se me saltaban las lágrimas... y me ponía a llorar como una niña pequeña, y entonces era cuando él se acercaba a mí con gesto tierno y me preguntaba: "¿qué te pasa?, bichito", mientras me acariciaba la mejilla y besaba mis lágrimas. Al final acababa llorando aún más, con la cara enterrada en su pecho, mientras él jugaba con mi pelo haciéndome rosquitos...
Ayer tarde volví a perderme en su mirada, pero no era lo mismo. No tenía nada que ver con lo que sentía antes... y es que me parece imposible descubrir cada día algo nuevo, algo que me hace flotar, que me hace perder la consciencia de todo y tener la sonrisa tonta en la cara. Aunque ahora que lo pienso... también podía ser el efecto del porrito de la tarde...
De Arthur C. Clarke: "La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible".
martes, 30 de abril de 2013
Operación bikini
Me he decidido, ya no pasa ni un día más, al fin y al cabo, tenía que llegar tarde o temprano... Hoy empiezo la operación bikini. Me he puesto a dieta, y no la del cucurucho precisamente (bueno, cambiemos "precisamente" por "exclusivamente"). En fin, como iba diciendo, estoy oficialmente a dieta, me he propuesto perder unos kilitos para sentirme mejor conmigo misma, y como la idea de ir al gimnasio o hacer jogging me da muchísima pereza, voy a reducir y controlar mi ingesta de alimentos... aunque un helaito sí que me comía yo ahora...
Como dicen que más vale malo conocido que bueno por conocer, he rescatado la dieta que me puso el endocrino cuando tenía once años, con la que me quedé encanijá perdía. Este régimen es de los que te permite comer lo que quieras, sólo tiene una pequeña pega, y es que no puedes comer nada que empiece por P, pero quien hace la ley, hace la trampa... Así que yo no comía pasta, sino espaguetis o macarrones, tampoco probaba el pan, sólo lo rellenaba con paté y desayunaba un bocadillo, y cuando me apetecía algo dulce no compraba pasteles, sino caracolas de chocolate. El problema de la dieta es que acabé un poco obsesionada con la P-letrita: dejé de patinar, tuve que echar al perro de casa, doné mis Pepe Jeans a la parroquia y nunca recogí los paquetes que mi abuela me mandaba por correo. Y ahora estoy pensando en cómo decirle a mi pareja lo de la dieta esta...
lunes, 29 de abril de 2013
Limones y perspectiva
Siempre he oído que cada uno cuenta la feria según le va y que todas las cosas dependen del prisma con el que se miren. En mi caso, el prisma se traduce en la circunstancia que me rodea, en la compañía.
Y es que parece mentira cómo puede llegar a cambiar una situación cuando estás acompañado de esa persona que consigue que todos los momentos sean únicos y especiales, cómo algo, que incluso no te gustaba, con ella es totalmente distinto, y te encanta... Fíjate si es especial su compañía, su apoyo, su "estoy aquí", que hasta consigue que recuperes la ilusión en algo que ya no la tenías, y no sólo la recuperas, sino que la coges con muchas más ganas porque ella está ahí, dándote ánimos, cogiéndote de la mano y apretándotela, diciéndote que está contigo para lo bueno y lo malo, que puedes contar con ella y que ahora es cosa de los dos...
Y da igual si en mi feria llovió y en la tuya no, y si el prisma con el que miras es un hexaedro y el mío un icosaedro, porque al final, todo esto de la perspectiva, no es más que una metáfora de las circunstancias que nos acompañan y nos condicionan cada día, lo que importa es tener ganas de que no se mojen los farolillos, y si a pesar de ello se mojan, sacar el niño interior que llevamos y dejarlo que disfrute haciendo figuritas con pasta de papel. Ya sabes, si la vida te da limones...
viernes, 26 de abril de 2013
Trasteando...
Yo no soy desordenada, es que guardo las cosas y no me acuerdo dónde, pero desordenada, no... Sí que es verdad, que el hecho de tener cincuenta pares de zapatos guardados en tres sitios diferentes, hace que haya encontrado esta mañana esas botas con vueltas de lana que tanto me gustan, y resulta que mi gorrito para el invierno no se lo presté a mi madre después de todo, y al final tampoco me habían robado los patines...
Y es que, aunque no soy desordenada, tengo muchas cosas: mucha ropa, muchos zapatos, muchos complementos, muchos abrigos, muchos papeles... y mucho sitio donde guardarlo todo y claro, ahí empiezan los problemas... Para más inri, soy un poco urraca, que no Diógenes, como dice mi madre, lo que pasa es que hay que saber aprovechar las oportunidades que se te presentan: como ese espejo de cuerpo entero que encontré en el contenedor y que quedaba estupendamente en mi estudio, o el tambor de aquella lavadora para guardar las patatas y las cebollas,... pero lo de urraca viene por otro lado, y es que me gusta guardar las entradas de cine, aunque con el paso de los años se haya borrado la tinta y no sepa de qué película son, o los tickets de la compra de regalos, incluyendo los de recién nacidos que ya tienen espinillas, o incluso, el plástico de pompitas de embalar, por si acaso me hace falta alguna vez para algún invento... Porque eso de que cuando tiras algo es cuando te hace falta, es una verdad como un templo, así que yo no tiro nada y recojo lo que podría necesitar alguna vez...
A mi madre eso no le hace mucha gracia, lo peor es cuando se le cruzan los cables y me dice que ordene mi cuarto (o peor, mis cosas, porque al menos mi cuarto se reduce a una habitación), me paso el día entero moviendo de un lado a otro, un batiburrillo de lo que para ella son trastos... y claro, ya que saco un álbum de fotos, me pongo a verlas, ya que encuentro una carpeta con las cartas de mis antiguos novietes, me pongo a leerlas, ya que encuentro el vibrador... Bueno, os dejo que tengo que seguir ordenando mi cuarto...
Y es que, aunque no soy desordenada, tengo muchas cosas: mucha ropa, muchos zapatos, muchos complementos, muchos abrigos, muchos papeles... y mucho sitio donde guardarlo todo y claro, ahí empiezan los problemas... Para más inri, soy un poco urraca, que no Diógenes, como dice mi madre, lo que pasa es que hay que saber aprovechar las oportunidades que se te presentan: como ese espejo de cuerpo entero que encontré en el contenedor y que quedaba estupendamente en mi estudio, o el tambor de aquella lavadora para guardar las patatas y las cebollas,... pero lo de urraca viene por otro lado, y es que me gusta guardar las entradas de cine, aunque con el paso de los años se haya borrado la tinta y no sepa de qué película son, o los tickets de la compra de regalos, incluyendo los de recién nacidos que ya tienen espinillas, o incluso, el plástico de pompitas de embalar, por si acaso me hace falta alguna vez para algún invento... Porque eso de que cuando tiras algo es cuando te hace falta, es una verdad como un templo, así que yo no tiro nada y recojo lo que podría necesitar alguna vez...
A mi madre eso no le hace mucha gracia, lo peor es cuando se le cruzan los cables y me dice que ordene mi cuarto (o peor, mis cosas, porque al menos mi cuarto se reduce a una habitación), me paso el día entero moviendo de un lado a otro, un batiburrillo de lo que para ella son trastos... y claro, ya que saco un álbum de fotos, me pongo a verlas, ya que encuentro una carpeta con las cartas de mis antiguos novietes, me pongo a leerlas, ya que encuentro el vibrador... Bueno, os dejo que tengo que seguir ordenando mi cuarto...
lunes, 22 de abril de 2013
Mi Grey particular
Estaba de pie, junto a la encimera, amasando los ingredientes del postre que estaba preparando, cuando sin previo aviso, sentí un delicado cosquilleo en la nuca, un sutil roce que me erizó la piel del cuello y que se extendió por todas mis extremidades. Cerré los ojos y noté la calidez de su presencia junto a mi oído, el contraste de un leve soplido de aire fresco, la humedad templada de su lengua y la prisión de sus incisivos alrededor del lóbulo de mi oreja. De repente, mis caderas se hallaron recorridas por sus manos, que buscaban sin prisa un atisbo de piel entre mi ropa, haciendo que me retorciera impaciente por sentir su suave tacto sobre la curva que dibujaba mi cintura y que tan loco le volvía. Cuando por fin nuestras pieles se pusieron en contacto, mi cuerpo cedió y quedé apoyada en la encimera, las piernas me temblaban mientras sus dedos se deleitaban en recorrer, con un rítmico vaivén, mi vientre y mi espalda; lo único que me mantenía en pie era la fuerza que él hacía mientras me aprisionaba entre su cuerpo y la encimera. Empezó a recorrer mi cuello despacio, con besos tenues y sosegados, el roce áspero de su barba de dos días me hacía estremecer mientras me atrapaba apretando su cuerpo contra mis nalgas y, poco a poco, sus labios dejaron paso a su lengua que, juguetona, me recorría, y ésta a sus dientes, que comenzaban a morder desesperados la piel de mi garganta, a la vez que sus manos me impedían mover la cabeza para mirarle o besarle. Me quitó la camiseta y su boca siguió paseándose por mi cuerpo, desesperada, primero los hombros y después la espalda, alternando el juego de su lengua, sus labios y sus dientes. Sentí un tirón y me vi libre del sujetador, de repente sus manos se encontraron en mi cintura y con un movimiento rápido me giró, quedándonos frente a frente, por fin podía besarle... pero no lo hice. Me sentía cada vez más excitada y la combinación del fuego que veía en sus ojos junto con su boca entreabierta, me hacían enloquecer, no bastaba un simple beso, ni siquiera uno apasionado, acerqué mi boca a la suya y mordí su labio inferior hasta que dio un leve grito de dolor, sus manos estaban en mi cintura y se turnaban acariciando mi espalda desnuda y apretándome contra él...
Fue en ese momento cuando empezamos a devorarnos, cuando nuestros instintos más básicos afloraron, cuando su boca, como la de un niño pequeño, buscaba mis pechos, pero para morderlos hasta hacerme gritar, cuando arañé su espalda hasta dejarle las marcas de mis uñas y mordí sus brazos hasta que le salieron cardenales... fue en ese momento cuando la pasión que nos embargaba fue tal, que las caricias se quedaban cortas y los besos nos sabían a poco, tanto fue así, que las caricias se vieron convertidas en guantadas y zarpazos, y los besos en mordiscos...
Hoy me duelen los pezones y tengo el culo morao', las agujetas me matan y voy a tener que ponerme una camiseta de cuello vuelto, pero estoy deseando repetir...
martes, 9 de abril de 2013
Cómo cambia el cuento...
Esta mañana me he despertado con uno de esos días en que te da por reflexionar, y me he puesto a hacer un repaso de lo que es mi vida ahora, uno de esos días en los que te das cuenta de que, realmente, el tiempo pasa y no en balde...
No hace tanto, mi vida estaba encauzada, prácticamente resuelta: tenía buena relación con mis padres, novio desde que era adolescente, una casa recién comprada que estábamos reformando a nuestro gusto sin olvidarnos de los niños que queríamos tener, la carrera casi acabada y un empleo asegurado al terminar, tres sobrinos a los que adoraba, una familia política que me quería como si siempre hubiera formado parte de ellos... lo que ya he dicho, mi vida solucionada al fin y al cabo...
Los problemas empezaron cuando me di cuenta de que lo que estaba haciendo no era vivir, sino sobrevivir: ya no tenía esa sonrisa tonta que te sale cuando eres feliz, ya no existía ese brillo en mis ojos, ya no había temas de conversación ni nada que hacer juntos, ya no quería estar a solas con él porque acabábamos discutiendo, intentaba retrasar todo lo posible el momento de quedar para que las horas juntos fueran las menos posibles, le decía que teníamos que hablar, que las cosas no estaban bien... y él decía que eran tonterías mías... siempre eran tonterías mías... y fue entonces cuando me resigné y pensé que seguramente tenía razón, sólo eran fantasmas que veía yo... Hasta que apareció él...
Y descubrí que es posible despertar cada día con una sonrisa, y que ese brillo permanecía en mis ojos de forma perenne, y que reía con ganas como no lo había hecho nunca... fui consciente de que por primera vez en muchos años estaba dedicándome a vivir, que era feliz... Y también por primera vez, me replanteé cambiar las cosas, dejarlo todo atrás, y me di cuenta de que lo único que me daba pena dejar atrás era a los que hasta entonces habían sido mis sobrinos y que si daba el paso, dejarían de serlo... y lo dejé todo...
En un año, mi vida no tiene nada que ver con lo que era: no pasa un día en que no haya reído a carcajadas, no ha habido un sólo día que no haya merecido la pena... lo único que empaña esta felicidad, es la relación con mis padres, ya no me hablan apenas y no dejan de reprocharme todo esto, yo pienso que deberían alegrarse por mí, que deberían ser felices porque ya no vuelvo a casa cada día con los ojos hinchados de llorar... pero supongo que no se puede tener todo en la vida...
jueves, 7 de marzo de 2013
De personas y rarezas...
Hoy me he despertado rara, apática, ausente, incluso algo tristona... No he tardado en darme cuenta de qué era lo que me ocurría... Y era eso, amigos. Hoy me he levantado nostálgica, echando en falta a personas que ya no están en mi vida, por una u otra razón, personas que no volverán a darme un beso en la frente o a pellizcarme las mejillas, personas con las que puede que me vuelva a encontrar, pero que torcerán la cara hacia otro lado, personitas a las que no volveré a ayudar con los deberes, con las que no volveré a jugar y que, seguramente se olvidarán de mí con el paso del tiempo, aunque yo nunca las olvide...
Hoy me he despertado nostálgica... Pero en días como éste, son las personas que sí están las que nos ayudan a salir de ese badén de tristeza, personas que nos quieren, personas a las que les importamos, personas que alegran nuestros días menos buenos, porque con personas como ellas no existen los días malos... Esas personas son personas talismán, personas amuleto, personas que son un tesoro en nuestras vidas, y da igual si eres supersticioso o no, da igual que hagas lo imposible por no derramar la sal, por no pasar por debajo de una escalera o por evitar romper un espejo. Todos tenemos a una persona así en nuestro día a día, lo importante es darse cuenta y cuidarla mucho, porque puede que mañana sea nuestra persona talismán la que se despierte rara...
viernes, 22 de febrero de 2013
Una carta para ti...
Hay tantas cosas que me gustaría poder explicarte... Recuerdos que remueven mil emociones, conversaciones plagadas de bromas, de sentimientos escondidos que afloraron irremediablemente a pesar de negárnoslos a nosotros mismos dejando a su paso sólo sinceridad, momentos de miradas esquivas que dejaron de serlo para convertirse en unos ojos que estaban hechos para encontrarse y no volver a apartar la vista de los otros, eso que no sabíamos que ocurría, pero en lo que ambos reparábamos cuando estábamos separados, gestos que nos delataban incluso cuando actuábamos como si nada ocurriera entre nosotros...
Y es que tengo momentos grabados a fuego, momentos en los que estamos tú y yo solos, y momentos en los que hay alguien más... Recuerdo los encuentros en el coche, recuerdo tenerte frente a mí, con el cuerpo de lado apoyado en el asiento del piloto, mirándome de una forma que no llegaba a comprender, recuerdo tus manos recorriendo mi mejilla, el tacto de tus dedos y mi reacción al sentirlos sobre mi piel, recuerdo que deseaba que el tiempo se parara y que no dejaras de acariciarme. Recuerdo las veces que callamos, las veces que nos mirábamos a los ojos sabiendo que en los del otro se escondía algo... las mismas veces que fingimos que nada estaba cambiando, que seguíamos besándonos haciendo como que no nos dábamos cuenta de nada, las mismas veces que nos decíamos a nosotros mismos que aquello sólo era un tiramillas. Recuerdo las primeras experiencias diferentes, los primeros días en que no hizo falta echarle un pulso al reloj, el simple hecho de compartir un almuerzo, dar un paseo por el centro, las diez horas que nunca acabarán o simplemente hablar claro, dejar de esconder lo que sentíamos...
No sabes cómo me hacer sentir cada vez que me dices que eres feliz conmigo, cada vez que me dices que soy increíble, no sabes lo que sentí cuando me dijiste que en las pocas fotos que tenemos juntos, sonríes más que en los últimos años, lo que sentí cuando me dijeron que no te veían tan ilusionado desde hacía tiempo, lo que siento al asomarme a tus ojos y ver lo que me dices con sólo una mirada, lo que siento cada vez que me dices "te quiero, bichito"... y es que no puedo escribir una lista con todos los momentos, palabras y sentimientos que tengo grabados en mí, porque entonces nunca acabaría...
No sabes cómo me hacer sentir cada vez que me dices que eres feliz conmigo, cada vez que me dices que soy increíble, no sabes lo que sentí cuando me dijiste que en las pocas fotos que tenemos juntos, sonríes más que en los últimos años, lo que sentí cuando me dijeron que no te veían tan ilusionado desde hacía tiempo, lo que siento al asomarme a tus ojos y ver lo que me dices con sólo una mirada, lo que siento cada vez que me dices "te quiero, bichito"... y es que no puedo escribir una lista con todos los momentos, palabras y sentimientos que tengo grabados en mí, porque entonces nunca acabaría...
Y es que ahora me paro a pensar en cómo ha cambiado el cuento... En cómo antes, una cena juntos era algo impensable, pasear de la mano por la calle era una locura y dormir juntos, un imposible de manual... Y es que lo que me encanta de nosotros es que le damos importancia a las pequeñas cosas: a una cena sencilla preparada en diez minutos, a compartir las caladas de un cigarro, a charlar tranquilamente sin prisas, a pasear sin mirar a los lados, a poder besarnos donde, como y cuando nos apetezca, a tener una vida normal, a fin de cuentas...
Sé que no te digo nada nuevo con esta carta, sé que todo esto ya te lo he dicho antes y que lo sabes porque lo ves en mí, pero también sabes que tengo la necesidad de decírtelo de todas las maneras que se me ocurran, y hoy se me ocurrió ésta. Quizá mañana veas un avión con una pancarta diciendo todo lo que provocas en mí, pero eso ya es otra historia...
De Buenos Días Presiosa: "Porque una vida entera no es suficiente para amarte...".
Sé que no te digo nada nuevo con esta carta, sé que todo esto ya te lo he dicho antes y que lo sabes porque lo ves en mí, pero también sabes que tengo la necesidad de decírtelo de todas las maneras que se me ocurran, y hoy se me ocurrió ésta. Quizá mañana veas un avión con una pancarta diciendo todo lo que provocas en mí, pero eso ya es otra historia...
De Buenos Días Presiosa: "Porque una vida entera no es suficiente para amarte...".
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